miércoles, 6 de enero de 2010

Mariano Picón-Salas - Pablo Neruda: consonancias y disonancias de dos voces latinoamericanas Introducción: siglos y vientos latinoamericanos La década de “los veinte” del siglo XIX, como la del siglo XX, significó un hito clave para la cultura latinoamericana. Andrés Bello, perdido en las brumas e industrias de Londres y egresado de la Biblioteca mirandina de Grafton Street 27, tras trabajar brevemente en la Legación chilena (1922), publica en 1823 el “Prospecto” de Biblioteca americana, con su “Alocución a la poesía”, y en 1826 Repertorio Americano, con su “Silva a la agricultura de la Zona Tórrida”. Finalmente, llegará a Valparaíso en un junio invernal (el día 25) a la que será su definitiva residencia, y estancia de sus más importantes aportes socioculturales. Aquel año 1823, mientras Simón Bolívar escribía su alucinante “Delirio del Chimborazo” ya instalado en Ecuador, su Maestro, don Simón Rodríguez, tras recorrer la Europa por veintiséis años, regresa a América, por Cartagena de Colombia, acompañando luego a su discípulo y a la amante Manuelita Sáenz en su libertadora ruta, hasta Bolivia. En Arequipa, publica una impactante y poco conocida obra: Sociedades Americanas en 1828. En el lapso 1834-1840 don Simón vivió y caminó Chile, enseñando e innovando (Concepción, Ñuble, Santiago, Valparaíso). De este compatriota escribió Picón-Salas: “Es nuestro Simón Rodríguez el más revolucionario y el más americano de los pensadores” (VNM, 1983: 76). Cien años después (1923), en otro junio invernal, llegaba a Valparaíso desde Venezuela (bajo la férula dictatorial de Juan Vicente Gómez), el joven merideño Mariano Federico Picón-Salas, siguiendo las huellas de sus admirados maestros Andrés Bello y Rubén Darío. Ese año, Pablo Neruda publicaba su obra inaugural: Crepusculario, y en 1924, sus consagrados Veinte poemas de amor....(con comentarios críticos de Alone y Mariano Latorre). Ambos libros fueron editados por George Nascimento (Crepusculario, en su 2ª. Ed., 1926), el mismo que publicara solidariamente obras de MPS, entre ellas: Mundo imaginario (1927), Imágenes de Chile... (1933) y Registro de huéspedes (1934). Era, pues, una cuestión del destino, dadas la ubicación “generacional” y la comunidad de intereses, que se produjese el encuentro entre estos dos personajes: el historiador y ensayista venezolano Picón-Salas (1901-1965) y el poeta chileno Neruda (1904-1973). I.- Consonancias Encuentros y escenarios compartidos El Chile de la década de los veinte fue un espacio-tiempo pletórico de cambios sociales (1920: Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, y Presidencia de Arturo Alessandri; 1925. Nueva Constitución), en medio de efervescencias políticas (estudiantiles, gremiales y obreras), culturales y educativas. Mientras, un puente cultural y educativo era extendido desde Chile a México con el enaltecedor nombre de la maestra y poetisa Gabriela Mistral, invitada (1922) por el Ministro de Educación José Vasconcelos. Dada la coetaneidad y el espacio común nuestros personajes compartieron, sabiéndolo o nó, durante un lapso (1923-1927) instancias y amistades en la urbe santiaguina. Ambos colaboraron asiduamente en la Revista Claridad de la FECH, estudiaron en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (Historia y Francés respectivamente) y allí (Cumming con Alameda) hallaron cada cual su cada cual: Isabel Cento y Albertina Azócar, sus amores veinteañeros. . Mariano e Isabel se casaron, de la relación del poeta chileno con Albertina Rosa quedaron sólo para la posteriodad sus cartas y versos. Sobre el primer encuentro de ellos en Santiago, así narra Neruda como sucedieron las cosas: “A Venezuela amé, pero no estaba.../ el Orinoco era una carta eterna/... y respiraba Simón Bolívar/ (mientras llegaba a Chile un caballero / a enloquecernos con su ortografía).../ buscando a Venezuela / sin encontrarla me pasé los días / hasta que Picón-Salas de Caracas / llegó a explicarme lo que sucedía” (1961: 42-43). Por su parte, Picón-Salas rememora: “el adolescente tiempo en que lo conocimos en 1923 cuando callado y triste y mal estudiante del Instituto Pedagógico de Santiago de Chile...’Galopa la noche en su yegua sombría, desparramando espigas azules sobre el campo’, le escuché decir un día.” (“Pablo Neruda en 1935”, O.S., 1962: 719). En Regreso de tres mundos (1959) su remembranza fue más explícita y abarcadora: “En la Federación Chilena de Estudiantes y en el Instituto Pedagógico encontré muchachos de las más variadas patriass americanas, y me llevaron a contarles la tragedia de Venezuela. Me convidaron, luego, a cenas juveniles que terminaban recitando versos de los poetas últimos, y allí vi y oí por primera vez a un joven largo, de descoyuntandos pasos y de voz melancólica, que se llamaba Pablo Neruda. ¡Qué efecto de extraña salmodia - contra todas las normas de la recitación – nos hacían sus versos desgarrados que levantaban en nosotros aquel subconciente nocturno, de tristeza, indecisión; vaga y herida sensualidad que duerme en el alma mestiza!. ¡Cómo iba después a identificar la voz y la poesía de ese hombre con el paisaje llovido, desbordado y relampagueante del sur de Chile, de donde viene desde los bosques profundos la voz de la ‘trutruca’, la larga trompeta en que el indio araucano lanza su alarido cósmico. Y Pablo Neruda podía decir, por ejemplo, ‘Sucede que me canso de ser hombre’...” (OS.: 1392). Aquellos fueron años de fondas, de pobreza y apuros económicos. MPS recibió la ayuda solidaria de Eduardo Barrios, Armando Donoso, Sara Hubner, y adoptó la gratificante decisión de estudiar Pedagogía en Historia, carrera donde cultivara, además, amistades de toda la vida. PN, por su parte, deambulaba pensiones y vivía más la bohemia nocturna y erótica que la rutina diurna de las clases. El poeta rememorará así aquellos primeros años 20, desde Isla Negra, en Abril de 1973: “Mis recuerdos recorren tiernamente la vieja escuela universitaria, el Pedagógico, en que conocí la amistad, el amor, el sentido de la lucha popular; es decir, el aprendizaje de la conciencia y de la vida. De aquella escuela y de mis alojamientos sucesivos de estudiante pobre salieron a las imprentas mis primeros libros…Aquellos amores gozosos, lancinantes y efímeros, todo esto condicionó mi existencia. Nuestros pasos más serios iban hacia la Federación de Estudiantes de la calle Agustinas…”. Figuras, figuraciones y personas Viajeros impenitentes, Neruda parte un día de Junio de 1927 hacia el Oriente, cerrando así el ciclo de encuentros vitales entre ambos. Si bien mucho viajaron, en sus producciones se transunta una pertinaz y recreativa fijación y regresión por sus espacios infantiles, comarcas redibujadas en sus escritos - como paisajes naturales y humanos - con basales actitudes terrígenas y telúricas. Por ello, los “destierros” (des)vividos les dolieron con mayor ardor, y gatillaron muchas de sus creaciones literarias. Lectores ávidos desde la niñez :“Por lo que contaba mi padre, Mariano fue un gran lector. Desde pequeño se perdía y se le encontraba encerrado en la biblioteca del abuelo Salas”, refiere su hermana Josefina. “Mi avidez de lectura no descansaba ni de noche ni de día”, autorrefiere Neruda en sus “Memorias” (CHV: 33). Se alimentaron de cuentos, mitos, poesías y novelas. Particularmente Rubén Darío, el Juan Cristóbal de Rolland y, luego, los embates de los poetas españoles y franceses, acelerarán sus ya precoces motivaciones literarias. Apasionados por expresar “lo concreto” y por poblar y fundar en nuestra América, sus obras les ameritaron sendos Premios Nacionales de Literatura. Picón-Salas en 1954, compartido, en prosa, con el recién fallecido (26-02-2001) Arturo Uslar Pietri, y Neruda en 1945; también invitaciones, homenajes y controvertidas participaciones en el PEN Club de Nueva York (MPS: 1940 y PN: 1966, 1972). Fundadores de Revistas, colaboradores de diarios y publicaciones múltiples , prologuistas y autores-lectores de discursos, líderes de movimientos de intelectuales por la liberación (contra Pérez Jiménez, 1958, y Gabriel González Videla, 1947) y por la Cultura y la Paz. La Universidad Central de Venezuela los distinguirá como Doctores Honoris Causa (1955 y 1959) y la Universidad de Chile, por su parte, tras titularse MPS en el Pedagógico, lo tuvo como académico permanente (e, incluso, transitoriamente como Rector) y, luego, invitado en diversas oportunidades. En 1938 recibe una carta de reconocimiento del Rector Juvenal Hernández por su labor en los Cursos de Verano; en 1958 la Academia Nacional de Artes y Letras de Chile elige al venezolano como Académico correspondiente. A su díscolo ex-alumno Neruda la “Casa de Bello” lo incorpora como Miembro Honorario de la Facultad de Filosofía y Educación (1962). En sus patrias chicas, y a pesar de sus reticencias a cargos políticos, MPS fue co-fundador de ORVE (Caracas, 1936), exiliado (1949-1951), Secretario de la Presidencia de la República (Rómulo Betancourt, 1963); PN, por su parte, fue Senador electo por el Norte chileno e ingresa al Partido Comunista (1945), desaforado y perseguido (1948), exiliado (1949-1952) y candidato a la Presidencia de la República (1969). Muchos fueron los nombres y figuras - algunas tutelares - que los ligaron, en positivo o negativo, en sus aventuras vitales: Eduardo Barrios (el protector de MPS), Carlos George Nascimento (editor que los lanzara en sus difíciles comienzos), Pedro León Loyola, Pedro Prado, Hernán Díaz A. (Alone), Ricardo Latcham, Ricardo y Armando Donoso, Sara Hubner, José Santos González Vera, Juvencio Valle, Juan Gómez Millas, Eugenio González, Raúl Silva Castro, Alfonso Bulnes, Héctor y Humberto Fuenzalida, Humberto Díaz Casanueva, Julio César Jobet, Salvador Reyes, Juan Uribe, Amanda Labarca, Guillermo Feliú Cruz, Julio Barrenechea, Juan Loveluck, Jaime Valdivieso, entre los chilenos. De Venezuela: Luis B. Prieto Figueroa, Rómulo Betancourt, Carlos Augusto León, Héctor Mujica, Luis Villalba, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, José Ramón Medina, Mario Briceño Perozo, Gabriel Bracho, Luis Pastori, Juan Liscano, Vicente Gerbasi, Pascual Venegas, Pedro Díaz Seijas, César Rengifo, Ida Gramcko, Arturo Uslar Pietri, Teresa Castillo, Rafael Pineda, José Ratto Ciarlo, José Vicente Rangel, Domingo Miliani.... Entre otros latinoamericanos: Alfonso Reyes, Luis A, Sánchez, Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier... Igualmente son muchos los nombres y figuras comunes que pueblan sus escritos americanistas: Pedro de Valdivia, Alonso de Ercilla, Miranda, Bolívar, Sucre, Francisco de Morazán, Benito Juárez, Juan Pueblo (o Bimba), Pedro Urdemales, Manuel Rodríguez, Domingo F. Sarmiento, José Martí, José M. Balmaceda, Carlos Pezoa Véliz, Teresa de la Parra, Gabriela Mistral... De esta pléyade de personas aludiremos en nota aparte a dos, muy significativas, una chilena: Mariano Latorre, y otra venezolana: Miguel Otero Silva, quienes anudaron lazos indelebles con ellos. El nombre de Mariano Latorre, coterráneo de Neruda (Cobquecura, Ñuble, 1986) significa un vínculo simbólico entre nuestros personajes. Amigo común, Profesor de Estado en Castellano, formado y formador en el Instituto Pedagógico (Miembro Académico, 1953), obtiene el Premio Nacional de Literatura (iniciado en Chile en 1941) en 1944. En 1945 lo obtiene Neruda, y en 1946, Eduardo Barrios, el primer amigo de MPS en Chile y protector de ambos escritores. MPS prologará la edición Zig-Zag (1955), la última en vida del autor de On Panta (1935, Ercilla), “ese ser alucinado y quijotesco” del campo maulino. Por su parte, Neruda será el encargado de la “Despedida de Mariano Latorre”, en el Cementerio General el 11 de noviembre de 1955. Alli enunció: “El escritor, acompañando la lucha de los pueblos, defiende y preserva las herencias” (OC, 3: 681-682), enunciado que indudablemente hubiese suscrito - con sus reservas - Picón-Salas. Al ser incorporado, el día 30 de Marzo de 1962, como Miembro Académico del Pedagógico - como antes Latorre - tituló su Discurso “Mariano Latorre, Pedro Prado y mi propia sombra”. (Anales U. de Chile, N° 157-160, 1971: 79-88). Es interesante consignar que el Discurso de recepción estuvo a cargo de Nicanor Parra, y que presidieron el Acto el Rector de la U. de Chile, Juan Gómez Millas, el Decano de Facultad Eugenio González Rojas, y el Secretario General, Alvaro Bunster, el círculo generacional del ausente MPS. Miguel Otero Silva (MOS) , notable escritor y político venezolano, a través del diario El Nacional de Caracas (Director-Fundador) generará un largo y difícil camino para las andaduras nerudianas. Allí se publica el 27 de noviembre de 1947 su denuncia frente al régimen de González Videla : “Carta ímtima para millones de hombres”, que le acarrearía a la postre su desafuero como Senador y posterior destierro. En 1952, MOS incorpora al poeta como colaborador, iniciándose allí las primeros adelantos de sus Odas Elementales (1954), las que continuará tras su visita a Venezuela (1959) con sus Navegaciones y regresos. Por aquel tiempo (1953) MPS sucedía a Arturo Uslar Pietri en la dirección de “El Papel Literario” del diario. Uno de los oradores, junto al Ministro de Educación J.M. Siso Martínez, en el entierro de Picón-Salas (2 de enero de 1965, Cementerio General del Sur, Caracas) fue, precisamente, Miguel Otero Silva, cuyo texto fuera publicado (junto a otros Homenajes) en El Nacional (C-1): “Como Andrés Bello, Picón-Salas creyó más en la luz de la pluma que en el metal de la espada... como Andrés Bello, MPS escapó a Chile cuando la violencia le oscureció el camino”, expresó MOS. El 7 de febrero publica “La señal amiga”, en el PL (3). El mensaje póstumo de don Mariano: “Prólogo al Instituto Nacional de Cultura”, del cual fuera su Director-Fundador, fue leído (en ausencia) por el propio Miguel Otero. Ello da cuenta de la vinculación y amistad entre ambos escritores venezolanos. La amistad Miguel Otero “Orinoco” con Neruda es de larga data (fue su “contacto” permanente en Caracas) y de fuerte compromiso, tal como queda manifiesta en diversos hechos: su nombre ha quedado inmortalizado en las páginas del Canto General: “Carta a Miguel Otero Silva, en Caracas (1948)” (1976: 281-284). Y MOS, junto a otros venezolanos (Carlos A. León, J.F. Reyes Baena, Juan Liscano, Inocencio Palacios, José Ratto Ciarlo) integraron el reducido grupo inicial de subscriptores de esa su obra “más vasta y ferviente”.. Cuando el viaje a Venezuela de Neruda (1959) uno de sus anfitriones principales fue MOS. El día 20 de enero comparte en su quinta “Lérida” con el visitante y otros notables invitados: Rómulo Gallegos, Angel Rosenblat, Arturo Uslar, Liliana Iturbe (viuda de Andrés Eloy Blanco), Fabricio Ojeda, Alejo Carpentier...(El Nacional). En 1963, Neruda prologa la edición checa de las novelas Oficina N° 1 y Casas muertas, de su amigo (PNHN: 123-126). En 1965, Neruda vuelve a su pueblo natal (Parral): lo acompaña, junto a Volodia Teitelboim, Miguel Otero. Con motivo de la obtención del Nobel, MOS fue una de las personas que viajó tanto a Paris como a Estocolmo (además de García Márquez de Colombia y Siqueiros de México), para compartir tales momentos de gratificación. El último encuentro entre ambos sucedió el último Año Nuevo vivido por el poeta (“La Sebastiana”, 1973). Ido físicamente Neruda, el venezolano no solamente colaborará con Matilde Urrutia en la elaboración de sus Memorias y publicaciones póstumas sino que, además, junto a su esposa Teresa Castillo (actual Presidenta del legendario Ateneo de Caracas), ayudó en la enorme tarea de solidaridad cumplida con los más de ochenta mil chilenos exiliados en Venezuela durante la dictadura de Pinochet en Chile. Con estos dos nombres paradigmáticos, Mariano Latorre y Miguel Otero, que enlazaron las vidas y producciones de nuestros personajes, cerramos con involuntarias omisiones, este débil diseño de una red humana de alta potencia y proyección para la cultura latinoamericana. Viajes El itinerario inicial del uno, de Mérida, Maracaibo, Caracas. Santiago, y del otro, Parral, Temuco, Santiago, Buenos Aires, Oriente, se diversificará con los años, coincidiendo muchos lugares, además de sus respectivos países, por ellos recorridos: España, Francia, Italia, Checoeslovaquia, Alemania, Estados Unidos, Guatemala, México, Cuba, Brasil, Perú, Panamá, Colombia, entre otros. En algunos de ellos desempeñaron cargos diplomáticos representando a sus países, tanto en América como en Europa, siendo los cimeros el de Embajador ante la UNESCO (Paris, 1959), uno, y Embajador en Francia (1970), el otro, donde lo encontrara la noticia de su nominación al Premio Nobel de Literatura (1971). Tal vez uno de los signos, casi diríamos “síndrome”, que marcó sus vidas fue el del “viaje”, dictum que dirigió las venturas y desventuras personales y productivas. Fue por mediación de “viajes” que recibieron honrosas distinciones, por ejemplo, Picón Salas de las Academias de Historia de Argentina, Colombia y España, entre otras, y Neruda, sin título universitario, Doctorados Honoris Causa en las Universidades Oxford, Michoacán y Central de Venezuela. Ellos mismos se autopredicaban viajeros, argonautas, naúfragos o peregrinos. En Chile, en su Registro de Huéspedes (1934) el venezolano escribe: “Vamos empujando la vida entre vientos contrarios, veníamos entre dos épocas diferentes... llevados y traidos por el naufragio de los acontecimientos” (105). Tales errancias, destierros, misiones y aventuras por diversas latitudes del mundo se produjeron a pesar y por sobre sus sentidas fijaciones localistas, sus amores provincianos o sus lealtades a las patrias chicas. De Mariano Picón-Salas, dice Guillermo Sucre: “El anhelo y aun la necesidad de errancia geográfica y espiritual en contraste con la añoranza del paraíso perdido de su nativa Mérida” (El Nacional, PL, Caracas, 27-12-1987). Algunos títulos de sus obras reflejan la impronta: Buscando el camino (1920); Preguntas a Europa (Viajes y ensayos), (1937); “Viejas notas de un viaje al Perú” (RNC, N° 4 1939); Un viaje y seis retratos (1940); Viaje al amanecer (1943); “Viaje a las tierras altas” (1958); Regreso de tres mundos (1959); Hora y deshora: temas humanísticos, nombres y figuras, viajes y lugares (1963). De Pablo Neruda, tal vez una forma sintética de definir la situación sería el título de la obra referencial: El viajero inmóvil, del uruguayo Emir Rodríguez Monegal (1966). De su obra consignaremos sólo algunas: “El dolor del viajero”, “Los viajes imaginarios”, “Viaje” (en RI, 1980); “Farewell” (1923), “El fantasma del buque de carga” (1932), “Himno y regreso” (1943), “Alturas de Macchu Picchu” (RNC, N° 57, 1946), “El viajero” (CG, 1950), “El olor del regreso” (prosa, 1952), “Cuándo de Chile”(1952), Viajes (prosa, 1955) “Oda al viaje venturoso” (TLO, 1957), “Itinerarios”, “Adiós a Paris” (en Estravagario, 1958), Navegaciones y regresos (1959), “Primer viaje”, “Primeros viajes”, “Exilio” (MIN, 1964); La Barcarola (1967), “Volver volviendo”, “Regresando”, “El viajero”, “Exilios” (FM, 1969), “Siempre por los caminos”, “De viajes” (GI, 1972). Tal vez uno de los textos claves en Neruda sea su “Viaje al corazón de Quevedo” (en Viajes), en el cual rescata aquella ala perdida de sus vuelos y aterrizajes en el filo de la navaja del ciclo vida-muerte y de sus raíces hispánicas. En todas estas experiencias y creaciones hay mucho de búsqueda (de sí mismo) y del sentido de la vida, y mucho también de lenitivo para fantasmas, de rescate de recuerdos, en suma, de catarsis. A propósito de su Viaje al amanecer dice MPS: “Escribí un librito como para liberarme de una obstinada carga de fantasmas y seguir ‘ligero de equipaje’... mi peregrinación del mundo” (OS, 1962, IX). De modo que en ellos se conforma una tríada generatriz: “vida (infancia)-viaje-libro” que cruza las formas y los contenidos de sus producciones. Nuevamente será el biógrafo Guillermo Sucre quien diagnostique certeramente el síndrome: “Toda la vida de Picón-Salas estuvo signada por los viajes. El viaje como renuncia mística y pacificación, como ruptura y voluntad de conquista, como condena... es como un regreso a la inicial perplejidad e incertidumbre con que hemos venido al mundo... catarsis...” (El Nacional, PL, 27-12-1987). No menos acertado y complejo es el biógrafo nerudiano Hernán Loyola quien, en la “Introducción” a Residencia en la tierra (1987) sostiene que su obra significa una “difícil recuperación de recuerdos”, ligada al “espacio sentimental y familiar que desde la infancia fuera la escritura del poeta... como una tensión utópica a reunirse verticalmente con la totalidad de sí mismo, buscando superar una escisión originaria y radical” (27 y ss.). Respecto a Picón-Salas dice su hermana Josefina Picón Ruiz “cuando no podíia viajar, se cambiaba de residencia” (1992), y el propio aludido hablaba de “mi voluptuosidad de viajar”. Dialécticamente tal condición nómade se equilibraba con la estabilidad y prolijidad con que instalaron sus casas o residencias, con amplios rincones proclives al diálogo y a la meditación. Josefina Picón agregaba a lo anterior: “ sus casas tenían un sello especial, era un conversador empedernido”. En el caso del poeta, conocidas son las construcciones y permanencias de sus cuatro casas, ligadas a sus amores y al producto de sus obras; ellas representan, interpreta bien Mario Rodríguez (siguiendo a Gastón Bachelard): “la búsqueda del espacio feliz” (1971). Así se lee, también, efectiva y metafóricamente Una casa en la arena, ese tesoro semiótico localizado en su creada “Isla Negra” llena de fantamas, caracolas, mascaronas, cosas del mar y de amores. Pero el “viaje” adquiere otra interesante dimensión en el pensamiento de Picón-Salas, en tanto instrumento de investigación histórica. A partir de esta significación plantea que “toda excusión al pasado” (nuestro) debe auxiliarse de “los libros de viajeros que descubrieron para la pupila europea al color de estas tierras”: tal fue el criterio que utilizara (con G. Feliú Cruz) para la elaboración de ese didáctico aporte titulado Imágenes de Chile: vida y costumbres chilenas en los siglos XVIII y XIX a través de testimonios contemporáneos” (1933), el cual será reeditado en Santiago este año 2001. Producciones Los tiempos, los espacios, los avatares biográficos y político-culturales propios de una “generación”, las motivaciones y expectativas social-humanistas, la concepción del idioma, del arte y de la historia, contribuyeron en la forja de una singular confluencia en las obras del ensayista y del poeta. También, en la configuración de las obvias disonancias que nos ocuparán más adelante, incluidos sus estilos personales y su convicciones políticas. Consideramos relevante - reiteramos - la significación que ambos conceden en sus escritos autobiográficos y exegéticos a los espacios vividos durante la niñez, sus aspectos naturales y sociales (“el sentido mítico de la infancia”). En tal sentido son homologables los escritos Viaje al amanecer (1943) y Las nieves de Mérida (1959) del venezolano, con los del chileno: “Infancia y poesía” (1954) y Memorial de Isla Negra (1964). Sus aproximaciones adolescentes han quedado estampadas en Buscando el camino (1920) y en la recopilación de la obra juvenil del poeta Río invisible (1980). En lo autobiográfico, el compendioso Regreso de tres mundos (1959) es equivalente, y también en prosa, a las Memorias nerudianas contenidas en su Confieso que he vivido (1974) y Para nacer he nacido (1978), ambas preparadas en 1974 y 1977 por su viuda Matilde Urrutia y por su compañero venezolano Miguel Otero Silva. En el contexto de sus viajes como generadores de conciencia y letra americanista destacan el que realizaran al Perú: en “Estampas de un viaje inconcluso al Perú” (1935) y “Alturas de Macchu Picchu” (1946). Otro espacio sagrado, de impacto y expresión, fue México, que generó Gusto de México (1952) en Picón-Salas, y en Neruda el Canto a Bolívar (1941), trozos del Canto General (1950), y de su ya citada y andante prosa de Viajes (1955). Las visitas a Europa gatillarán en ellos importantes reacciones, dudas identitarias y cuestionamientos culturales y linguísticos. Así, Picón-Salas en Preguntas a Europa (1937) y Europa-América, preguntas a la esfinge de la cultura (1943); en Neruda, además de su emblemática España en el corazón (1937), se anudarán nombres (Quevedo, entre ellos) amistades y el encuentro con Delia del Carril, su compañera de vida y de militancia política. En ambos tales experiencias remecieron sus estructuras psicosociales en términos personales y culturales: “El viaje a Europa - dice Picón-Salas en Europa-América, 1937 - fue un viaje al fondo de mi yo suramericano, que anhela tener conciencia de lo que le falta y lo busca a través de los hombres, los paisajes y las culturas distintas” (VNM: 335). Diez años más tarde, en el nuevo Prólogo de 1946, insistirá: “Los mejores espíritus de las dos Américas, de Jefferson a Bolívar, de Emerson a Rubén Darío, descubren lo americano presentando como supuestos previos los métodos y el instrumental europeo (diferente al “autoctonismo espiritual”)... y el viaje de regreso a las raíces de nuestra cultura conduce forzosamente a las playas del Mediterráneo y a la prosa platónica” (Id.: 328). Este bellista eurofilismo es reiterado en otros textos en los que defiende la “civilización occidental y cristiana”, y su “formas” del “universalismo” como ejes orientadores de una posición ética, estética y política personal, que difiere bastante a la sustentada por el poeta chileno. Con su qué, Feliú Cruz destaca que MPS: “provenía de una familia... orgullosa de no llevar sangre de mulatos ni de negros” (1970: 40). Tal afirmación, si bien tiene antecedentes, es enmendada por el propio biografiado, al decir más de una vez que sí portaba tal vez sangre mestiza desde generaciones anteriores. En Neruda el contacto con España (1934-1935), y la aún casi ausente identidad social ligada a lo autóctono lo lleva a decir lo siguiente de sí-mismo en términos políticos y étnicos, con ocasión de una Conferencia-Homenaje a García Lorca (Paris, febrero de 1937): “recién salido de España, yo, latinoamericano, español de raza y de lenguaje… No soy político ni he tomado nunca parte en la contienda política, y mis palabras, que muchos habrían deseado neutrales, han estado teñidas de pasión” (OC, 3: 644). Este sesgo hispánico había sido veladamente criticado por la sagaz Gabriela Mistral en un recado enviado un año antes: “Neruda se estima blanco puro, al igual que el mestizo común que, por su cultura europea, olvida fabulosamente su doble manadero” (En Boletín, Invierno, FPN, 1989: 5). No pasaría mucho tiempo antes de que aquel predicado ‘blanqueo’ político y etnocultural fuera transmutado en rojo pacto con su tierra y no menos rojo compromiso con su pueblo indoamericano. (Más tarde escribiría: “Las absurdas pretensiones ‘racistas’ de algunas naciones latinoamericanas, productos ellas mismas de múltiples cruzamientos y mestizajes, es una tara de tipo colonial” (CHV: 229). Por su parte, al factor étnico, agregará MPS como factor importante, legado por Europa (España), la lengua, el idioma, en el modo en que lo planteara Andrés Bello, como elemento primordial de “integración hispanoamericana”, tal como lo sostiene en el “Prólogo” de su clásica obra De la Conquista a la Independencia (1944). Pero, a su vez, esa lengua española, al igual que las ideas encapsuladas en ella, ya no dicen ni son lo mismo en contacto con el hábitat americano. Ya en 1935 (Intuición de Chile...) afirmaba que: “Es difícil escribir para la eternidad en nuestra América del Sur donde hasta las ideas, las estilizadas ideas que nos manda la ‘vieja Europa’ se cargan de la agresividad ambiente o, germinando en su suelo pantanoso - suelo de prehistoria - dan floraciones insospechadas” (Prólogo: 9). En tal sentido, aprobaba y defendía los “venezolanismos” y neologismos incoados en la propia geocultura americana, sin dejar de rechazar los “barbarismos” e imposiciones yanquis o foráneas sobrepuestas. “Se puede ser - decía - el más perfecto clásico usando ‘zaperoco’, ‘tequiche’, ‘guayoyo’, o zaparanda’...” (cit. P.Grases, 1966: 226). También el hibridismo cultural y el sincretismo religioso y popular fue recogido por el ensayista, por ejemplo, en este texto sobre la comarca de Cundinamarca y del Magdalena: “El terremoto, el derrumbe, la crecida mantienen el prestigio de lo telúrico y sobrenatural. El dorado Bochica, caballero del Arco Iris, había abierto el camino de Cristo. Donde hubo un santuario de los chibchas aparecía, naturalmente, una virgen española. Y los instrumentos musicales y las danzas del pasado indio servían ahora para las procesiones católicas” (“Viaje a las tierras altas”, 1958). Por eso en su errancia chilena, a través de sus creaciones iniciales trajo un montón de términos, algunos ya editados por Bello, propios de la “zona-tórrida”, de la “cultura del maíz y de la yuca”. Cortésmente en esa “geografía lírica del trópico con algo de barroco” (Ricardo Latchman) que fue Odisea de Tierra-Firme adjunta un glosario de palabras, para mejor entender sus relatos y reminiscencias tropicales, entre ellos: conuco, cotiza, joropo, locha, mapanare, caney, morrocota, pelo e’ guama, samán, zamuro,.... O sabrosos dichos sazonados de hibridación cultural: “negro con blanco, no pue sé”. Como contrapartida, con mucha perspicacia, nutriendo con experiencia directa sus cánones linguísticos, igualmente incorporó a sus textos - como Bello - “chilenismos” como “pelambre, topeaduras, rodeo, pije, tinca, roto, apequenarse, huaso, chute, guillatún, pata e’ perro..”. . Su “pequeña historia de la arepa”, sus rememorantes “hallacas” e hirvientes “sancochos” serían “comprendidos” y saboreados por el propio Neruda cuando visitara Venezuela: “recién salida del tormento... clara como una arepa”, en enero de 1959. Mariano Picón Salas y Chile En su errancia en Chile, al igual que su paisano Bello, vuelve iterativamente a la comarca venezolana. En Mundo imaginario (1927) revive el mito del “cuco”: “el Inglés” y de “San Pascual Bailón, el avisador de muertos”; en el apartado “amor y tierras cálidas” expresa: “ es precoz el amor (hamacas)... y Marta fue para mí la mujer... Era agosto y el campo estaba todo dorado y perfumado con la cosecha de los mangos...”. Su biógrafa Esther Azzario (1980) comentando Registro de Huéspedes (1934) anota: “Es oportuno señalar que las motivaciones generadoras de toda la obra de creación de PS giran siempre en torno a recuerdos y experiencias personales fijadas emocionalmente por la sensibilidad y coloreadas por su carga de pasión” (30). Respecto a esta etapa del ensayista, superada por su racionalidad y madurez posterior, bien podríamos aplicar lo reiterado tantas veces por el poeta chileno respecto a sí-mismo, en el sentido de que todo lo escrito, lo creado no fue sino lo vivido, lo experienciado con todos sus sentidos, desde y con la tierra, a nivel de piel. Su producción más notable en Chile: Mundo Imaginario, Nascimento, Santiago, 1927; Hispanoamérica, posición crítica, Universitaria. Stgo., 1931; Odisea de Tierra Firme (vida, años y pasión del Trópico), Renacimiento, Madrid, 1931; Problemas y métodos de Historia del Arte, Nascimento, Stgo. 1933; Imágenes de Chile, Vida y costumbres chilenas entre los siglos XVIII y XIX a través de testimonios contemporáneos (con G, Feliú C.), Nascimento, Santiago, 1933; Registro de Huéspedes, Nascimento, Santiago, 1934 e Intuición de Chile y otros ensayos en busca de una conciencia histórica, Ercilla, Santiago, 1935. Obras posteriores suyas editadas en Chile (Zig-Zag). Preguntas a Europa (1937) y Ensayos escogidos (Con Pról: R. Latcham, y Nota Prel.: Juan Lovecluck), 1958. Pero lo más aportativo fue la “intuición” y descripción que hizo a través de muchos ensayos y estudios sobre el paisaje natural (“Chile es un largo escabel de granito esculpiendo el Pacífico”) y humano de Chile. Si bien realizó semblanzas de personajes como José Toribio Medina (“albacea de la historia de América”), el desterrado Domingo F. Sarmiento o Monseñor Crescente Errázuriz, aquí nos limitaremos a consignar sus enunciados sobre nuestros máximos poetas, a partir de los cuales se explaya acerca del carácter social y de la historia de nuestro país (“Chile o la “aspiración al orden”). En “Testimonio de Gabriela” (Hora y deshora) dice: “Ministerio moral de América. Su poesía, pedagogía superior y totalizadora (roqui araucano). Sacerdotisa de una peculiar religión indoamericana, como extraordinaria narradora de cuentos y consejas ancestrales parecía que hubiera grabado el mapa de América en su corazón y nadie - después de Martí - escribió páginas de una geografía caminada en las landas heladas de Paragonia, en los desiertos del Norte de Chile, en las húmedas colonias de Puerto Rico, en la altiplanicie mexicana. Pedro Prado prologó su Desolación al igual que el Crepusculario de Pablo Neruda... Gabriela, mujer y madre de todos los niños del mundo, encedida de justicia por todos los que en nuestra América la piden a voces” (1963: 103 y ss.). Respecto a Neruda, su juicio, aunque cronológicamente circunscrito, es muy significativo: “A la altura de 1925 pasa por la poesía de América una tremenda voz disolvente: la del poeta chileno Pablo Neruda. Será después de Rubén Darío el poeta que haya merecido mayor ámbito contiental... Más abajo de la corriente sigue una vida subterránea, nocturna, llena de légamos y raíces... Su guiado desorden, su tristeza sensual, su máscara de insomnio se han identificado con todo lo que hay de mágico y azaroso en el alma del criollo sudamericano. Él también influyó en Venezuela...” (“Paseo por nuestra poesía”, OS: 166). Es a través de ambos poetas, y su tutor Bello, que el ensayista reconstruye una sintética visión del país: “poetas cuyo húmedo lamento se parece al de la trutruca araucana perdida en la boscosa lejanía... Pablo Neruda... Mientras que en los versos de Gabriela Mistral está el sol del Norte, el desierto y los oasis... la greda roja y negra en que los diaguitas y atacameños modelaban sus imágenes del mundo, en los versos de Pablo se precipitaban las tormentas y las obstinadas lluvias del Sur. Estas dos voces - la solar y la húmeda - expresan en variedad de tonos la polifonía del espíritu chileno... En el estilo jurídico que le ofrecieron sus hombres de Estado, en el que escribiera Bello sus Códigos, se siguen vertiendo, plasmando y organizando las nuevas necesidades humanas”. (“Pequeña nota sobre la nación chilena”, Id.:: 611). Entre las figuras que descuellan en su magnífica producción brilla con luz propia don Andrés Bello. Por ello, será Picón-Salas a quien se encargue el Prólogo al Volumen XIX (“Bello y la Historia”) de las Obras Completas, edición venezolana, del Maestro (1957). Allí el escritor forjado en el estilo y el método de la casa de Bello traza una apretada descripción histórico-literaria del país: “La Araucana da a Chile un mito nacional, una aguerrida conciencia de estirpe, antes que sentimientos parecidos broten en otras comarcas americanas. Por otra parte, la misma lejanía en que vivía la población criolla de aquel país, separado del mundo por los desiertos del norte y los mares solitarios y helados del extremo sur, acendra en sus valles agrarios, al pie de la cordillera, un espíritu territorial austero, vigilante... sobriedad y entereza...; ... la epopeya de esa móvil frontera que se va corriendo y poblando a medida que se gana tierra a los indígenas, es asunto permanente de la Histografía chilena desde las admirables Cartas de Pedro de Valdivia al Emperador Carlos V, hasta las Crónicas de Diego de Rosales y Miguel de Olivares, pasando por libros de tanto encanto literario como la Histórica Relación del Reino de Chile del padre Ovalle y el Cautiverio feliz de Pineda y Bascuñan. Tenía, pues, el hombre chileno mayor ocasión de reflexionar sobre su pasado y hazañas colectivas que el de otros países indianos”. (XLIV-XLV). Aquí se contienen los elementos basales del proceso de sociogénesis etnocultural de la nacionalidad chilena. Pero el historiador avanza, más allá del Maestro, su propio juicio respecto a la situación sociopolítica existente para el siglo XIX (y hoy) en esta República: “El pueblo estaba ausente del drama... ingenuo Juan Pueblo en que se juntaban alborozadamente las sangres de Castilla, Andalucía y Arauco... La clase dominante se había constituido una historia, verdadera crónica heráldica en que el derecho a la gloria y a la tradición se lo reservaban unas cuantas familias. El roto no podía leer tan severa historia y se entretuvo con los cuentos de Pedro Urdemales, con los corridos, con la leyenda de Manuel Rodríguez, que fue el héroe que había entendido mejor el alma de este pueblo... (pero) un sordo rumor irremediable va colmando el alma de este pueblo que es dentro del Estado chileno otra nacionalidad, otro Estado, aún sin forma, cuya historia, cuya economía, cuya moral no pueden medirse con la escala que sirve a las clases dominantes”. (“Intuición de Chile, 1933”, OS: 601). Demás está decir que tales “intuiciones” del ensayista serían desplegadas en esa crónica poética que, respecto a la América, construyera el poeta chileno, su Canto General (ed. 1976), particularmente en el poema “La tierra y los hombres” (168), en el “Canto VIII / La tierra se llama Juan” (221 y ss.) o en el poema “Patria, te quieren repartir” (306). Desde esta pródiga dádiva de amor y recreación con la realidad chilena, resulta explicable que podamos adjudicar a Mariano Picón-Salas la doble condición de venezolano y chileno y que, cuando falleciera al despuntar el año 1965, el hecho conmoviera tanto y a tantos chilenos. En lo institucional “en señal de duelo el Congreso de Chile suspendió por dos minutos su sesión. Luego se refirieron a la obra del escritor los diputados Hernán Leigh y Rafeal de la Presa” (Diario La Nación. 8 de enero de 1965: 11) y, en lo personal, el sentido y representativo decir de su caro y viejo Humberto Díaz Casanueva: “ojalá que estudiemos en nuestras universidades americanass con mayor interés y ardor el sentido y significación de su obra... Sólo quiero decir que me apoyo en su memoria como en un árbol” (“Tributo a MPS”, RNC, 1975, N°129). Pablo Neruda y Venezuela En su mentada búsqueda de Venezuela, y antes de pisar su tierra-firme, el poeta chileno desarrolló múltiples aproximaciones, algunas ya señaladas, a propósito de sus vínculos con Miguel Otero “Orinoco”. Ya había cantado a Bolívar, el primer nombre latinaomericano que asoma en su obra poética (1941), ya había nombrado en el estilo de las Silvas belistas sus fauna, flora y nombres en el Canto General (1950), y había intentado bajar en La Guaira (1957), siendo impedido de hacerlo (dictadura de Marcos Pérez Jiménez). Recuperada la democracia (23 de enero de 1958), y en la celebración de su primer aniversario, el poeta es invitado, por fin, a visitarla. Llega, a bordo del Usodimare el 19 de enero de 1959, para retornar en el Orinoco el 27 de Marzo. Fueron días de festejos, de alegrías, de eclosión productiva; allí fueron sus anfitriones la mayoría de los venezolanos que antes nombráramos. Visita Barquisimeto, Maracaibo, Mérida (ULA), Acarigua (José Rafael Gabaldón), Boconó (Domingo Miliani), Valencia, Guanare, Coro, Ciudad Bolívar... Canaima y el Caroní, llanos (incluso “Ortiz”, el pueblito macondiano de Casas muertas -MOS), montes, playas, El Avila. Universidades, Radio Caracas TV, Ateneos, Liceos, Escuelas, Teatros munipales, Biblioteca Nacional... El 26 de enero visita el Instituto Pedagógico, fundado por Mariano Picón-Salas en 1936, y el 27 el Liceo “Andrés Bello” donde refiere del maestro venezolano: “no sólo nos enseñó ortografía, sino la vida toda” (El Nacional, Caracas). El 3 de febrero manifiesta, asombrado, en El Nacional: “Ahora sé que mis vínculos con Venezuela son más profundos que lo que creía”. El 4 de febrero el Concejo Municipal de Caracas lo declara “Huésped Ilustre de la ciudad” y en su discurso dijo: “Esta mañana bajé del Monte Ávila. Allá arriba tiene Caracas su corona verde, sus esmeraldas mojadas...Salud, ciudad de las liberaciones y de la inteligencia, ciudad de Boívar y de Bello... ciudad que el 23 de enerp recién desgranado en elk trigo del tiempo diste un resplandor de aurora para el Caribe y para toda nuestra América amada y dolorosa!... para continuar mi camino defendiendo el amor, la claridad, la justicia, la alegría y la paz, es decir, la poesía” (PNHN, 1978: 377-378). El 30 de enero recibe un homenaje de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, con la participación de Antonio Estévez, Alirio Díaz y Fedora Alemán. Aquejado de una dolencias cardíacas por ahí va sanando con el regalo de una mascarona (“El Armador”) que le encontrata en Puerto Cabello el poeta Luis Pastori, y cómo nó, con agradables estadías en playas tropicales. El 12 de febrero (Día de la juventud) se encontró la La Victoria con Fidel Castro y Salvador Allende. Mucho platicó, escribió, paseó, comió, vivió, andando por media Venezuela: “ Yo caminé la Venezuela dura / la piedra del calvario... /y vi una Venezuela / clara como una arepa / firme y pura / recién salida, intacta del tormento” (Navegaciones y regresos, OC, 2: 808). Sus hermanos poetas producen Todo lleva tu nombre (plaquette con poemas de Neruda a Venezuela) y la AEV publica tres de sus Odas:“al libro”, “a las Américas” y “a la luz” (1959). Tras su partida se edita (1960) Fuego de hermanos para Pablo Neruda (Juan Liscano, José Ramón Medina, Miguel Otero, Luis Pastori y Rafael Pineda). Las principales creaciones del poetas, motivadas por la luz, las aves caribeñas, el calor de la tierra y la amistad del pueblo venezolano se encuentran en Navegaciones y regresos (1959): Oda a los nombres de Venezuela”, “Adiós a Venezuela, Oda al 23 de enero”; en Canción de gesta (1960): “Por Venezuela”, “El tigre”, “Pérez Jiménez”, “Un demócrata extraño”, “Las aves del caribe”; en Cantos Ceremoniales (1961), obra en que se publica su ‘elegía dedicada a la memoria de Manuela Sáenz, amante de Simón Bolívar’: “La Insepulta de Paita” que terminara precisamente durante su estadía en Caracas (OS, 2: 913-930). Al final se va cantando: “Oh, Venezuela, cantas en el mapa / con todo el cielo azul en movimiento” (“Américas”, Canción de gesta: 61). En Fin de mundo (1969) pervive luminoso el recuerdo del viaje; “Por Caracas, dura y desnuda / anduve, loco de vivir, / ahíto de luz, atropellado / por la luz de Venezuela” (“Venezuela”, OC, 3: 435).Y lúdico y querendón, deja a sus amistades caraqueñas algunas preguntas en un libro póstumo: “Díme, la rosa está desnuda / o sólo tiene ese vestido?/ Sabe la bella de Caracas / cuántas faldas tiene la rosa? / Cuándo se fundó la luz / esto sucedió en Venezuela? “ (Libro de las preguntas, 1974). Sobre el amor Mariano Picón-Salas y Neftalí Reyes Basoalto (PN), hijos únicos (de Pío y Delia, y de José del Carmen y Rosa Basoalto, respectivamente), replicando las conductas paternas (segundos matrimonios con Helena Ruiz, uno, y Trinidad Candia, el otro), se casaron más de una vez. De los matrimonios paternos tuvieron medios(as) hermanos(as): por una parte, Josefina, Alberto (fallecido trágicamente en Santiago) y Ada, en el caso de MPS, y Rodolfo y Laura, en el caso de PN. MPS se casará con Isabel Cento (1928), tendrá con ella su única hija, Delia Isabel (1937, actualmente residente en Caracas), se divorciará (1942), y en 1947 se casará (por poder, desde Panamá) con la caraqueña Beatriz Otáñez. PN se casa en 1930 con la holandesa María Antonieta Ageenar (Batavia), con quien tiene a su única hija, Malva Marina (Madrid, 1934) que, nacida enfermita (hidrocefalia), fallece pocos años después (1942). En Madrid (1934) encuentra a su segunda esposa y compañera, Delia del Carril y, finalmente (1949), el amor definitivo de su vida, la medusa y reina de su poesía: Matilde Urrutia. Tales son, en síntesis, algunos aspectos de la biografía amatoria y familiar de nuestros personajes. En sus vidas, y en sus infancias desepeñaron papeles fundamentales las figuras maternas, en el caso del poeta por ausencia (“deprivación materna”), compensada luego con la actuación de la “mamadre”. En sus etapas infanto-juveniles tuvieron como confidentes, Mariano a una prima (“María Isabel”, en sus relatos) y Neftalí, a Laura (la “conejita” de sus Cartas). A ambos el sexo inicial les llegó en ambientes campestres, al compás del calor y las trillas. En Santiago, veinteañeros, encuentran sus primeros y compromitentes amores (Albertina Rosa Azócar e Isabel Cento, como consignáramos anteriormente). Desde entonces, hasta hoy, el Instituto Pedagógico ha sido cuna no sólo cultural y política, sino también erótica y gestora de lazos que constituyen una tradición, ya social-histórica. Aunque en el más severo e intelectualizado estilo del merideño no caben desbordes ligados a lo erótico y sexual, ni menos, autorreferidos, en sus realistas imaginerías chilenas dedica un espacio a “las horas del amor”. También en su Regreso de tres mundos (1959) dedica al tema un sugerente título, casi nerudiano: “VII. Amor, en fin, que todo diga y cante”. El contenido de su exiliar Mundo Imaginario (1927) constituye un excepcional ejemplo de “transferencia” maternal y de “regresión” que, a su vez, en el caso de Neruda, serán mecanismos psicodinámicos determinantes y claves en la configuración de sus vínculos amorosos. Así cuenta MPS: “Yo comparaba, madre, su amor con el tuyo, y el tuyo tenía la permanencia... y sonreía, oh Madre, de verme feliz como cuando era niño celebrando mis juegos”. Más tarde, “el amor en reposo”: “Ya eras mía y tenías el sello indeleble de las cosas que amo. Placíame imaginar que construía para ti la cabaña de frescas palmas verdes, donde el hombre convierte destino su última inquietud, acostumbré a mi lengua bárbara y a mi esperanza de regreso, yo sólo quería tenerte; nadie me llamaba allá lejos, y aquí estaba la palabra deleitosa - de olvido y de descanso - de tu dorada juventud, perla que descubrí en el mar” (140 y ss.). A diferencia de su par, el poeta fue ducho en lances y en escritos amatorios (como ha quedado filmado en “El cartero”), en el marco de la desequilibrante cuerda cíclica “nacimiento-vida-muerte”, médula la más sensitiva que sostiene su “esqueleto de palabras”. Desde los Veinte poemas..., Los versos del capitán, hasta los Cien sonetos de amor, que dedica a Matilde Urrutia en la forma exigida por MPS: “Señora mía muy amada:...con mucha humildad hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura substancia y así deben llegar a tus oídos.... Tú y yo caminando... recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie... De tales suavizadísimos vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto. Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste vida... Octubre de 1959”. Ideas sobre arte, literatura y sociedad Más acá de las profundas divergencias político-ideológicas, de estilo y de género, y como personalidades concretas, en el orden de las ideas sobre la creatividad , el escritor y la conexión ‘literatura-sociedad” sus pensamientos asombrosamente semejantes, y tienen como soporte el fundamental tópico de la “comunicación”. En diversos textos, especialmente Formación y proceso de la literatura venezolana (1940, reeditado en 1961), y en sus artículos “Y va de ensayo” y “Literatura y sociedad” (VNM, 1983) expone sus planeamientos MPS, y particularmente en sus textos autoexegéticos y en sus Discursos de Estocolmo (1971), con ocasión del Nobel, Pablo Neruda. A continuación desplegamos una serie de textos atingentes, de uno y otro escritor (los de Neruda en cursiva) que muestran las coincidencias y comunidad de pareceres. “Hay un legado ancestral, una forma de contacto del hombre con el ambiente que no puede violentar impunemente ninguna tecnología” (VNM: 90).Pienso que la poesía es una acción pasaje o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza...(2001 a: 93). “La mejor lección que puede dar un escritor... es trabajar su instrumento expresivo con la misma exactitud y variedad configuradora con que el buen ebanista convierte su pedazo de madera en objeto hermoso y social útil... hay que usar también escuadras e invisibles instrumentos de cálculo... fecundado por el estudio, la meditación, la congoja” ((“Y va de ensayo”, VNM : 502). Como poeta carpintero/ busco primero la madera/ áspera o lisa , predispuesta:/ con las manos toco el olor,/ huelo el color, paso los dedos/ por la integridad olorosa/ por el silencio del sistema.../Lo segundo que hago es cortar.../ la tabla recién elegida/ de la tabla salen los versos /como astillas emancipadas... para que mi poema /tenga piso/...se levante junto al camino...” (“Fin de mundo”, OC, 3: 399). Yo soy un artesano de mi poesía, soy un poeta de utilidad pública (Hijo Ilustre, Municipalidad de Valpararíso, 31 de octubre de 1970). Cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo... fragmentos de piedra o de madera en que alguien, otros, los que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos” (“Discurso de Estocolmo”, 2001: 95). “Pensé desde entonces que que la misión del escritor de América estaba en la capacidad de expresar esa naturaleza y ese enigma de sangres mestiza... que es la de nuestra progenie indoamericana” (“RTM”, OS: 1398). El poeta (panadero) cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria... sencilla conciencia de convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños... Los escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso, somos conscientes de nuestra condición de pobladores. Necesitamos colmar los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez esa sea la razón determinante de mi humilde caso personal..... que mi misión humana era agregarme a la extensa fuerza del pueblo organuizado, agregarme con sangre y alma: con pasión y esperanza (2001 a: 94-95). “Lo que cabe de heroico en el oficio de pensar y escribir es que el verdadero escritor que siente que la palabra no se le dio como juguete personal, sino como medio para comunicarse con los demás hombres, y hacer más habitable el mundo, no renuncie a esa militancia ( “Profecía de la palabra”, VNM: 461). “No nos basta el arte tan solo, porque aspiramos a compartir con otros la múltiple responsabilidad de haber vivido (OS, XV). “Pero cada vez que el hombre sale de su yo y se comunica con los demás por la palabra, la actitud o la obra artística está cumpliendo una función social... y por eso la obra literaria posee un valor social en sí” (“Literatura y sociedad”, VNM: 508). No hay soledad inexpungable. Todo los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos... los más antiguos ritos de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común... Yo escogí el difícil camino de la responsabilidad compartida Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad de la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinitas, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía: dar luz, justicia y dignidad a todos los hombres...(2001 a: 93 y 95). Una última e insólita coincidencia que hemos encontrado es la alusión a otras vidas, en el modelo reencarnacionista, y que transcribimos sin comentarios: En Registro de Huéspedes (1934) leemos: “ Quién sabe si en otras vidas ese hombre fue un esclavo y yo hice sangrar su espalda con el látigo de capataz” (135). Neruda, ante la noticia de la muerte de su amigo Rubén Azócar escribe en La Barcarola (1967): “No es la vida la que hace a los hombres, es antes / es antes: remoto es el peso del alma en la sangre” (OC, 3: 118). Huellas y recuerdos Acordes con sus patrones mnémicos e históricos, consignamos una última actitud compartida, referida a la solicitud-petición de ser recordados, de perpetuación y vigencia de sus figuras y producciones, porque “el hombre siempre anhela signar el testimonio de sus pasos”, dice el venezolano. (1947: 168). En Neruda, además de metafórica, tal actitud fue concreta - siguiendo los pasos del baqueano Ercilla - cuando, fugitivo, atraviesa la Cordillera de Los Andes: “yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque “ (2001 a: 90). El poeta, desterrado (1952), escribía: “Pueblo mío, verdad que en primavera / suena mi nombre en tus oídos / y tú me reconoces... /Soy un río.../escucharás que corro/ sumergido, cantando” (“Cuándo de Chile”, OC, I, 848). Y en su testamento del Canto General, dispone: “Compañeros, enterradme en Isla Negra/ allí quiero dormir entre los párpados/ del mar y de la tierra...” (1976: 368). Por su parte, el merideño finalizaba su Viaje al amanecer, solicitando: “Para entonces yo estaré muerto y me gustaría que me recordasen” (OS: 102). Es lo que estamos haciendo este año 2001 muchos, tanto en Venezuela como en Chile: rescatar, reconstruir y revalorizar su legado histórico, literario y ético para nuestra América, en este caso hermanado con otra figura continental, de la cual conmemoramos los 30 años de la obtención del Premio Nobel. III.- Disonancias Una apreciación evaluativa del tejido biográfico y político con que se arroparon nuestros personajes evidencia una paradojal situación: mientras MPS se inicia con una posición bastante avanzada ideológicamente (Revista Índice, Santiago, 1930, APRA), de matiz socialista, y luego crítica y comprometida (ORVE, 1936) en Venezuela. Respecto a su matriz formativa dice bien Domingo Milian,: “El tránsito por la Universidad de Chile labró en él un educador y un combatiente por las causas sociales y culturales” (2001: 21). Aplica bien el Embajador Miliani el venezolano “combatiente” y delimita con pericia el campo de acción: “social y cultural”. Porque los pasos del caminante fueron decantando en una actitud intelectual y pragmática de prescindencia partidaria (el “no ser hombre de partido” de Ortega y Gasset), de tinte liberal, un tanto elistesca. “Una Nación se hace con dos cosas - plantea - : con un pueblo y un comando” (VNM: 86). De aquí el rol protagónico de los intelectuales, el papel dinamógeno de la cultura y la educación, que adquieren prioridad estratégica para superar los problemas sociales, tanto en Venezuela como en América Latina. Su tríada operativa se resume en los términos “cultura-organización-entusiasmo”, a cargo del motor histórico fundamental: las nuevas “generaciones”; palabras “entrañables”, según Pedro Grases (1966) fueron: sosiego, concordia, equilibrio, tolerancia (compartida con su par Mario Briceño-Iragorry), veracidad, libertad, desinterés, ecuanimidad, seguridad, aseo, deleite... En tal trama ideo-axiológica y actitudinal es claro el troquelamiento de maestros como Andrés Bello, José Martí y José Ortega y Gasset. Alguna vez en Venezuela fue criticado por “acomodaticio” y por su neutralidad en determinados acontecimientos, pero también, antes, tildado de socialista (cuando llevara las Misiones Pedagógicas chilenas, 1936, 1938). Frente a tales ataques siempre respondió con prestancia, fundamentos y dignidad. Pero, en relación a nuestro tema, lo que queda claro es que en su trayectoria vital se advierte un proceso de gradual retroceso de sus avanzadas posiciones iniciales. “Así se van desvaneciendo sus sueños socialistas juveniles para dar paso a un individualismo (liberal)...”, resume J.M. Siso-Martínez (1971: 22). El rechazo a los modelos foráneos políticos (“imperialismos”), no así a los culturales, y la afirmación de un desarrollo más autónomo (nacionalista) vienen incoándose en MPS también desde sus años de formación profesional. Con treinta años cumplidos emite este diagnóstico en una Conferencia en la Universidad de Concepción: “Un doctrinarismo precoz venido con el correo de Europa trajo a nuestros países las luchas ideológicas de nacionalidades ya maduras y vistió la realidad criolla con el halo de las fórmulas extranjeras” (Intuición de Chile: 74). Claro, tal juicio es relativizado tres décadas mediante en Los malos salvajes (1962). Al contrario, podemos decir que en el “primer” Neruda no hubo compromiso ni mayor interés en lo político (tal como lo declarara en 1937), subsumido dolorosa y dramátivamente en la “subjetividad”, salvo juveniles escarceos anarquistas. Experiencias biográficas e histórico-sociales, especialmente a partir de 1938, lo inducen a abandonar sus “pasos de lobo” y juntarlos a los del pueblo. De aquí su Canto General, su sentido indoamericanismo, su militancia comunista y su definitivo compromiso por la justicia social, la paz y los Derechos Humanos. Ideario axiológico que, como meta-mensaje, está también siempre presente en los ensayos del venezolano. De esta dimensión política, nunca ninguno de ellos hizo alusión mutua. Las referencias del venezolano son siempre respecto al “primer Neruda”, nunca al poeta comprometido ni, menos, “comunista”. Y aquí topamos con la palabra-clave que da cuenta de la disonancia crucial entre ambos exponentes de lo nuestro. Por un lado, hubo la delicadeza y el respeto de no antagonizar públicamente pero, por otro, también la incongruencia de no cumplir los propios preceptos de “tolerancia” y aceptación del otro en sus ideas (“el diálogo libre entre los hombres”), en un espacio generacional en que ambos fueron sinérgicos y complementarios en una mancomunidad americanista. Los tiempos mundiales, con sus guerras y sus efectos “fríos” así como las directrices dictadas tanto por el Pentágono como por la URSS, se coludieron para congelar, a su vez, lo que eran cordiales relaciones. El capítulo de discordancia más concreto y humano va a tener un nombre: Rómulo Betancourt (1908-1981). Desde 1931 hasta el final de su vida, MPS mantuvo correspondencia tupida y política con el que sería Presidente electo de la República venezolana (1959-1964) . A través de esa relación epistolar se leen claramente no sólo las prudenciales y críticas distancias sobre ideas “socialistas” y “comunistas” de MPS sino, a la postre, un “anti-comunismo arrecho” y pertinaz. Para cuando RB (y su partido “Acción Democrática”) obtiene la victoria electoral PS escribe: “La victoria contra los agentes del terrorismo y del comunismo anárquico... “. El PCV había llamado a ‘no votar’. En el N° 32 de la Revista Política de 1964, el escritor hace un recuento mnémico y una verdadera apología de su confidente compañero “adeco”. Pero, a su vez, los valores propugnados por MPS, también doctrinarios, ínsitos en la ‘civilización occidental y cristiana’ y situados en su origen en Grecia y el mar mediterráneo, también fueron, en su momento, ‘fórmulas extranjeras’ impuestas a troche y moche sobre estas libérrimas tierras. Lo que en realidad combatía con ardor era a los que llamaba “empresarios de mitos”, en particular “comunistas” y, menos ardorosamente, del “imperialismo del norte” (“la imperiosa vecindad de un enrarecido mundo tecnológico y supercapitalista”, alude en su “Pequeña confesión a la sordina”, OC: X). Pablo Neruda, en cambio, compartiendo muchos de los signos valóricos europeos, particularmente el idioma castellano (“nos dejaron la palabra”), y otros como “democracia”, “paz”, “derechos humanos”, ya cumplidos los cuarenta años se incorpora al partido comunista chileno (1945), piedra de tope que tranca la comunicación posible y futura entre ambos. Frente a los discursos y prácticas anti-comunistas de MPS, pero en especial de Betancourt, acompasados con los dictámenes estadounidenses (al igual que hiciera González Videla en Chile), la pluma del poeta se enciende defensiva-ofensivamente, concentrando sus dardos sobre el político venezolano. Así surge el poema XXVI de su Canción de gesta: “Un demócrata extraño”, en el que no sólo adjudica irónicamente el denuesto (“Caín”, “Herodes”) sino, además, lo acusa de ligazón con Estados Unidos (“demócrata ‘norteamericano’...”) y, en fin, de anti-castrismo. “El propio MPS utilizó, tan atildado con su estilo literario, un lenguaje nada benévolo para condenar la orgía de fusilamientos en la Cuba de los años 60”, dice J.L. Siso M. (1977: 13). Pablo Neruda, influido por sus convicciones ideológicas, así como poco mencionó a su (oculto) maestro Andrés Bello (dada su predilección por Sarmiento), ya no buscará a Picón-Salas para que le contase lo que sucedía en Venezuela. Del venezolano quedarán sí sus ajustadas aproximaciones al poeta, ya que según Humberto Díaz Casanueva: “Aunque no escribió un largo ensayo sobre la poesía de Neruda, dos o tres juicios sobre ella, son como golpes de sonda en la profundidad de una obra que en aquellos años aparecía abstrusa y críptica” (RNC, N° 219: 11). Superado el arresto hispanófilo del poeta que citamos (en 1937), Neruda asumió decidida y pragmáticamente su condición mestiza y ascendencia indígena (“yo, incásico del légamo”, “César Vallejo era más indio que yo”, “nosotros, los indios”), en lo cual se marca una notable diferencia ideo-práctica respecto a MPS, cuyo sesgo “aristocratizante” (“no tenemos indígenas que redimir”, dice respecto a Venezuela), lo induce a postular la primacía de las minorías (cultas). El “pueblo”, pues, tiene protagonismo diferente en uno y otro escritor. Tal vez una mixtura de ambas perspectivas, trabajada por ellos mismos, hubiese sido un tremendo aporte para la dinámica social amerindiana. Para finalizar, como corresponde a escritores, alternaremos dos últimos textos que expresan, diferencialmente, la homogeneidad de intención y acción respecto a sus propios países: Pablo Neruda: “He querido ser el poeta esencial, en su tarea, de los sentimientos nacionales... una nación no sólo la construyen los que trabajan con su pensamiento y con sus manos, sino la construye un espíritu de unidad y un sentimiento de ser nación, un sentimiento que no es sólo de orgullo, sino de la humildad profunda que reconoce un hermano en cada uno de muestros compatriotas, esté donde esté, el destino común de una patria que tratamos que sea más justa, más luminosa cada día” (1970: 5). Mariano Picón-Salas: “Oponer al azar y la sorpresa de ayer, a la historia como aventura, una nueva historia sentida como plan y voluntad organizada. Hacer de esta igualdad criolla... la base moral de nuestra vida civil.... Materialmente tenemos el espacio, el territorio y hasta los recursos. Se impone ahora la voluntad humana” (OS: 207). Luis Rubilar Solis – Santiago, Chile, Marzo, 2001 III.- Bibliografía De Mariano Picón-Salas (1920) Buscando el camino, Cultura venezolana, Caracas. (1927) Mundo imaginario, Nascimento, Santiago. (1931) Odisea de Tierra-Firme (Vida, años y pasión del trópico), Renacimiento, Madrid. (1933) Imágenes de Chile: vida y costumbres en los siglos XVIII y XIX a través de testimonios contemporáneos, Nascimento, Santiago. (Con Guillermo Feliú Cruz). (1934) Registro de huéspedes, Nascimento, Santiago. (1935) Intuición de Chile y otros ensayos en busca de una conciencia histórica, Ercilla, Santiago. (1937) Preguntas a Europa, Zig-Zag, Santiago. (1939) “Viejas notas de un viaje al Perú”, RNC, N° 4, Caracas. “Territorio y drama social”, RNC, N° 5, Caracas “Coherencia intelectual”, RNC, N° 7, Caracas. “Destino y educación venezolana”, RNC, N° 6, Caracas. (1940) Formación y proceso de la literatura venezolana,Cecilio Acosta, Caracas. Un viaje y seis retratos, AEV, Caracas. 1941. Cinco discursos sobre pasado y presente de la nación venezolana, La Torre, Caracas. (1943) Viaje al amanecer, Mensaje, México. (1944) De la Conquista a la Independencia; tres siglos de historia cultural latinoamericana, FCE, México. (1947) Europa-América, preguntas a la esfinge de la cultura. Cuadernos Americanos, México. Rumbo y problemática de nuestra Historia, Ac.Nac.Hria., Caracas. (1949) Comprensión de Venezuela, Mineduc, Caracas. (1952) Gusto de México, Porrúa y Obregón, México. (1953) Dependencia e independencia en la historia hispanoamericana, Librería Cruz del Sur, Caracas. Obras Selectas, Edime, Caracas. (2ª. Edición: 1962). “Caudillos de fin de siglo”, RNC, N° 100, Caracas. “On Panta, símbolo rural”, Prólogo, a M. Latorre, Ziz-Zag, Santiago. (1957) “Bello y la Historia”, Pról. Vol. XIX (“Temas de Historia y Geografía”),O.C., Andrés Bello, Mineduc, Caracas (XI-LXII). (1958) Ensayos escogidos (Sel. y notas: Juan Loveluck; Pról.: R. Latcham), Zig-Zag, Santiago. Las nieves de antaño: pequeñas añoranzas de Mérida, Universidad del Zulia, Maracaibo. “Viaje a las tierras altas”, en Antología de escritores merideños, Mineduc, Caracas (135-142). (1959) Regreso de tres mundos: un hombre en su generación. (Ensayo biográfico), FCE, México. (1961) Estudios de literatura venezolana, Edime, Caracas.(Reimp. de 1940). (1963) Hora y deshora(temas humanísticos, nombres y figuras, viajes y lugares). Ateneo de Caracas. “La aventura venezolana”, en 150 años de vida republicana (1811- 1861), Tomo I (35-48)., Presidencia de la República, Caracas. (1964) “Betancourt”, en Revista Política, N° 32, Caracas (33 y ss.). (1966) Suma de Venezuela, antología de páginas venezolanas, Doña Bárbara, Caracas. (1979) Américas desavenidas, UNAM, México. (1983) Viejos y nuevos mundos (Sel., Pról. -IX / XLI- y Cronología – 625 / 665-: G. Sucre; Bibliografía - 667 / 685 -: R. A. Rivas D.), Ayacucho, Caracas. (1991) Viajes y estudios latinoamericanos (Intr.: J. Balza), Monte Avila, Caracas. De Pablo Neruda (1941) Canto a Bolívar, UNAM, México. (1946) “Que despierte el leñador”, Diario El Nacional, Caracas (3 de agosto). “Alturas de Macchu Picchu”, RNC, N° 57 y 58 (1947), Caracas. (1947) “La crisis democrática de Chile es una advertencia para nuestro continente”, Diario El Nacional, 27 de noviembre. (1955) Viajes, Nascimento, Santiago. (1959) Navegaciones y regresos, Losada, Buenos Aires. (1961) Canción de gesta, Austral, Santiago. (La Habana, 1960). (1961) Cantos Ceremoniales, Losada, Buenos Aires. (1964) Memorial de Isla Negra, Seix Barral, Barcelona. (1969) Fin de mundo, Losada, Buenos Aires. (1970) Soy un poeta de utilidad pública, U. de Chile, Valparaíso. (1974) Confieso que he vivido (Memorias), Seix Barral, Barcelona. Libro de las preguntas, Losada, Buenos Aires. (1976) Canto General (Pról. y Cronol.: F. Alegría), Ayacucho, Caracas (1978) Para nacer he nacido, Seix Barral, Barcelona. (1980) El río invisible (Poesía y prosa de juventud), Seix Barral, Barcelona. (1987) Residencia en la tierra (Introd.: H. Loyola), Alianza, Madrid, (1993) Obras Completas (3 Vols.), Losada, Buenos Aires (1957, 5ª Ed.) (1996) Cuadernos de Temuco 1919-1920 (Ed. y Pról.:V. Farías), Seix Barral, Barcelona. (1999) Por las costas del mundo, A. Bello, Santiago. (2001a) Canto General de Chile (Ed.:M.A. Jofré), Ercilla, Santiago. (2001b) La mejor poesía de amor, Ercilla, Santiago. (2001c) Los versos del capitán, Ercilla, Santiago. Boletines y Cuadernos, Fundación Pablo Neruda, Santiago. Sobre Mariano Picón-Salas Azzario, E. (1980) La prosa autobiográfica de MPS, Equinoccio, USB, Caracas. Díaz C., H. (1975) “Tributo a MPS”, RNC, N° 129, Caracas (9-16). Feliú C., G. (1970) Para un retrato psicológico de MPS, Nascimento, Santiago. Grases, P. 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Fuente: http://hem.bredband.net/mjsia/rubilar/MPS-PN.doc

Mariano Picón-Salas - Pablo Neruda: consonancias y disonancias de dos voces latinoamericanas


 Introducción: siglos y vientos latinoamericanos


La década de “los veinte” del siglo XIX, como la del siglo XX, significó un hito clave para la cultura latinoamericana. Andrés Bello, perdido en las brumas e industrias de Londres y egresado de la Biblioteca mirandina de Grafton Street 27, tras trabajar brevemente en la Legación chilena (1922), publica en 1823 el “Prospecto” de Biblioteca americana, con su “Alocución a la poesía”, y en 1826 Repertorio Americano, con su “Silva a la agricultura de la Zona Tórrida”. Finalmente, llegará a Valparaíso en un junio invernal (el día 25) a la que será su definitiva residencia, y estancia de sus más importantes aportes socioculturales.
Aquel año 1823, mientras Simón Bolívar escribía su alucinante “Delirio del Chimborazo” ya instalado en Ecuador, su Maestro, don Simón Rodríguez, tras recorrer la Europa por veintiséis años, regresa a América, por Cartagena de Colombia, acompañando luego a su discípulo y a la amante Manuelita Sáenz en su libertadora ruta, hasta Bolivia. En  Arequipa, publica una impactante y poco conocida obra: Sociedades Americanas en 1828. En el lapso 1834-1840 don Simón vivió y caminó Chile, enseñando e innovando (Concepción, Ñuble, Santiago, Valparaíso).  De este compatriota escribió Picón-Salas: “Es nuestro Simón Rodríguez el más revolucionario y el más americano de los pensadores” (VNM, 1983: 76).
Cien años después (1923), en otro junio invernal, llegaba a Valparaíso desde Venezuela (bajo la férula dictatorial de Juan Vicente Gómez), el joven merideño Mariano Federico Picón-Salas, siguiendo las huellas de sus admirados maestros Andrés Bello y Rubén Darío. Ese año, Pablo Neruda publicaba su obra inaugural: Crepusculario, y en 1924, sus consagrados Veinte poemas de amor....(con comentarios críticos de Alone y Mariano Latorre). Ambos libros fueron editados por George Nascimento (Crepusculario, en su 2ª. Ed., 1926), el mismo que publicara solidariamente obras de MPS, entre ellas: Mundo imaginario (1927), Imágenes de Chile... (1933) y Registro de huéspedes (1934).
Era, pues, una cuestión del destino, dadas la ubicación “generacional” y la comunidad de intereses, que se produjese el encuentro entre estos dos personajes: el historiador y ensayista venezolano Picón-Salas (1901-1965)  y el poeta chileno Neruda (1904-1973).

I.- Consonancias
Encuentros y escenarios compartidos
El Chile de la década de los veinte fue un espacio-tiempo pletórico de cambios sociales (1920: Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, y Presidencia de Arturo Alessandri; 1925. Nueva Constitución), en medio de efervescencias políticas (estudiantiles, gremiales y obreras), culturales y educativas. Mientras, un puente cultural y educativo era extendido desde Chile a México con el enaltecedor nombre de la maestra y poetisa Gabriela Mistral, invitada (1922) por el Ministro de Educación José Vasconcelos.
Dada la coetaneidad y el espacio común nuestros personajes compartieron, sabiéndolo o nó, durante un lapso (1923-1927) instancias y amistades en la urbe santiaguina. Ambos colaboraron asiduamente en la Revista Claridad de la FECH, estudiaron en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (Historia y Francés respectivamente) y allí (Cumming con Alameda) hallaron cada cual su cada cual: Isabel Cento y Albertina Azócar, sus amores veinteañeros. .  Mariano e Isabel se casaron, de la relación del poeta chileno con Albertina Rosa quedaron sólo para la posteriodad sus cartas y versos.
Sobre el primer encuentro de ellos en Santiago, así narra Neruda como sucedieron las cosas: “A Venezuela amé, pero no estaba.../ el Orinoco era una carta eterna/... y respiraba Simón Bolívar/ (mientras llegaba a Chile un caballero / a enloquecernos con su ortografía).../ buscando a Venezuela / sin encontrarla me pasé los días / hasta que Picón-Salas de Caracas / llegó a explicarme lo que sucedía” (1961: 42-43).
Por su parte, Picón-Salas rememora: “el adolescente tiempo en que lo conocimos en 1923  cuando callado y triste y mal estudiante del Instituto Pedagógico de Santiago de Chile...’Galopa la noche en su yegua sombría, desparramando espigas azules sobre el campo’, le escuché decir un día.” (“Pablo Neruda en 1935”, O.S., 1962: 719). En Regreso de tres mundos (1959) su remembranza fue más explícita y abarcadora:
“En la Federación Chilena de Estudiantes y en el Instituto Pedagógico encontré muchachos de las más variadas patriass americanas, y me llevaron a contarles la tragedia de Venezuela. Me convidaron, luego, a cenas juveniles que terminaban recitando versos de los poetas últimos, y allí vi y oí por primera vez a un joven largo, de descoyuntandos pasos y de voz melancólica, que se llamaba Pablo Neruda. ¡Qué efecto de extraña salmodia - contra todas las normas de la recitación – nos hacían sus versos desgarrados que levantaban en nosotros aquel subconciente nocturno, de tristeza, indecisión; vaga y herida sensualidad que duerme en el alma mestiza!. ¡Cómo iba después a identificar la voz y la poesía de ese hombre con el paisaje llovido, desbordado y relampagueante del sur de Chile, de donde viene desde los bosques profundos la voz de la ‘trutruca’, la larga trompeta en que el indio araucano lanza su alarido cósmico. Y Pablo Neruda podía decir, por ejemplo, ‘Sucede que me canso de ser hombre’...” (OS.: 1392).

Aquellos fueron años de fondas, de pobreza y apuros económicos. MPS recibió la ayuda solidaria de Eduardo Barrios, Armando Donoso, Sara Hubner, y adoptó la gratificante decisión de estudiar Pedagogía en Historia, carrera donde cultivara, además, amistades de toda la vida. PN, por su parte, deambulaba pensiones y vivía más la bohemia nocturna y erótica que la rutina diurna de las clases. El poeta rememorará así aquellos primeros años 20, desde Isla Negra, en Abril de 1973:
 “Mis recuerdos recorren tiernamente la vieja escuela universitaria, el Pedagógico, en que conocí la amistad, el amor, el sentido de la lucha popular; es decir, el aprendizaje de la conciencia y de la vida. De aquella escuela y de mis alojamientos sucesivos de estudiante pobre salieron a las imprentas mis primeros libros…Aquellos amores gozosos, lancinantes y efímeros, todo esto condicionó mi existencia. Nuestros pasos más serios iban hacia la Federación de Estudiantes de la calle Agustinas…”.

Figuras,  figuraciones y personas

Viajeros impenitentes, Neruda parte un día de Junio de 1927 hacia el Oriente, cerrando así el ciclo de encuentros vitales entre ambos. Si bien mucho viajaron, en sus producciones se transunta una pertinaz y recreativa fijación y regresión por sus espacios infantiles, comarcas redibujadas en sus escritos - como paisajes naturales y humanos -  con basales actitudes terrígenas y telúricas. Por ello, los “destierros” (des)vividos les dolieron con mayor ardor, y gatillaron muchas de sus creaciones literarias.
Lectores ávidos desde la niñez :“Por lo que contaba mi padre, Mariano fue un gran lector. Desde pequeño se perdía y se le encontraba encerrado en la biblioteca del abuelo Salas”, refiere su hermana Josefina. “Mi avidez de lectura no descansaba ni de noche ni de día”, autorrefiere Neruda en sus “Memorias” (CHV: 33). Se alimentaron de cuentos, mitos, poesías y novelas. Particularmente Rubén Darío, el Juan Cristóbal de Rolland y, luego, los embates de los poetas españoles y franceses, acelerarán sus ya precoces motivaciones literarias. Apasionados por expresar “lo concreto” y por poblar y fundar en nuestra América, sus obras les ameritaron sendos Premios Nacionales de Literatura. Picón-Salas en 1954, compartido, en prosa, con el recién fallecido (26-02-2001) Arturo Uslar Pietri, y Neruda en 1945; también invitaciones, homenajes y controvertidas participaciones en el PEN Club de Nueva York (MPS: 1940 y PN: 1966, 1972). Fundadores de Revistas, colaboradores de diarios y publicaciones múltiples  , prologuistas y autores-lectores de discursos, líderes de movimientos de intelectuales por la liberación (contra Pérez Jiménez, 1958, y Gabriel González Videla, 1947) y por la Cultura y la Paz. La Universidad Central de Venezuela los distinguirá como Doctores Honoris Causa (1955 y 1959) y la Universidad de Chile, por su parte, tras titularse MPS en el Pedagógico, lo tuvo como académico permanente (e, incluso, transitoriamente como Rector) y, luego, invitado en diversas oportunidades. En 1938 recibe una carta de reconocimiento del Rector Juvenal Hernández por su labor en los Cursos de Verano; en 1958 la Academia Nacional de Artes y Letras de Chile elige al venezolano como Académico correspondiente. A su  díscolo  ex-alumno Neruda la “Casa de Bello” lo incorpora como Miembro Honorario de la Facultad de Filosofía y Educación (1962).
En sus patrias chicas, y a pesar de sus reticencias a cargos políticos, MPS fue co-fundador de ORVE (Caracas, 1936), exiliado (1949-1951), Secretario de la Presidencia de la República (Rómulo Betancourt, 1963); PN, por su parte, fue Senador electo por el Norte chileno e ingresa al Partido Comunista (1945), desaforado y perseguido (1948), exiliado (1949-1952) y candidato a la Presidencia de la República (1969).
Muchos fueron los nombres y figuras - algunas tutelares - que los ligaron, en positivo o negativo, en sus aventuras vitales: Eduardo Barrios (el protector de MPS), Carlos George Nascimento (editor que los lanzara en sus difíciles comienzos), Pedro León Loyola, Pedro Prado, Hernán Díaz A. (Alone), Ricardo Latcham, Ricardo y Armando Donoso, Sara Hubner, José Santos González Vera, Juvencio Valle, Juan Gómez Millas, Eugenio González, Raúl Silva Castro, Alfonso Bulnes, Héctor y Humberto Fuenzalida, Humberto Díaz Casanueva, Julio César Jobet, Salvador Reyes, Juan Uribe, Amanda Labarca, Guillermo Feliú Cruz, Julio Barrenechea, Juan Loveluck, Jaime Valdivieso, entre los chilenos. De Venezuela:  Luis B. Prieto Figueroa, Rómulo Betancourt, Carlos Augusto León, Héctor Mujica, Luis Villalba, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, José Ramón Medina, Mario Briceño Perozo, Gabriel Bracho, Luis Pastori, Juan Liscano, Vicente Gerbasi, Pascual Venegas, Pedro Díaz Seijas, César Rengifo, Ida Gramcko, Arturo Uslar Pietri, Teresa Castillo, Rafael Pineda, José Ratto Ciarlo, José Vicente Rangel, Domingo Miliani.... Entre otros latinoamericanos: Alfonso Reyes, Luis A, Sánchez, Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier...  Igualmente son muchos los nombres y figuras comunes que pueblan sus escritos americanistas: Pedro de Valdivia, Alonso de Ercilla, Miranda, Bolívar, Sucre, Francisco de Morazán, Benito Juárez, Juan Pueblo (o Bimba), Pedro Urdemales, Manuel Rodríguez, Domingo F. Sarmiento, José Martí, José M. Balmaceda, Carlos Pezoa Véliz, Teresa de la Parra, Gabriela Mistral... De esta pléyade de personas aludiremos en nota aparte  a dos, muy significativas, una chilena: Mariano Latorre, y otra venezolana: Miguel Otero Silva, quienes anudaron lazos indelebles con ellos.
El nombre de Mariano Latorre, coterráneo de Neruda (Cobquecura, Ñuble, 1986) significa un vínculo simbólico entre nuestros personajes. Amigo común, Profesor de Estado en Castellano, formado y formador en el Instituto Pedagógico (Miembro Académico, 1953), obtiene el Premio Nacional de Literatura (iniciado en Chile en 1941) en 1944. En 1945 lo obtiene Neruda, y en 1946, Eduardo Barrios, el primer amigo de MPS en Chile y protector de ambos escritores. MPS prologará la edición Zig-Zag (1955), la última en vida del autor de On Panta (1935, Ercilla), “ese ser alucinado y quijotesco” del campo maulino. Por su parte, Neruda será el encargado de la “Despedida de Mariano Latorre”, en el Cementerio General el 11 de noviembre de 1955. Alli enunció: “El escritor, acompañando la lucha de los pueblos, defiende y preserva las herencias” (OC, 3: 681-682), enunciado que indudablemente hubiese suscrito - con sus reservas - Picón-Salas. Al ser incorporado, el día 30 de Marzo de 1962, como Miembro Académico del Pedagógico - como antes Latorre - tituló su Discurso “Mariano Latorre, Pedro Prado y mi propia sombra”. (Anales U. de Chile, N° 157-160, 1971: 79-88). Es interesante consignar que el Discurso de recepción estuvo a cargo de Nicanor Parra, y que presidieron el Acto el Rector de la U. de Chile, Juan Gómez Millas, el Decano de Facultad Eugenio González Rojas, y el Secretario General, Alvaro Bunster, el círculo generacional del ausente MPS.
Miguel Otero Silva (MOS)  , notable escritor y político venezolano, a través del diario El Nacional de Caracas (Director-Fundador) generará un largo y difícil camino para las andaduras nerudianas. Allí se publica el 27 de noviembre de 1947 su denuncia frente al régimen de González Videla : “Carta ímtima para millones de hombres”, que le acarrearía a la postre su desafuero como Senador y posterior destierro. En 1952, MOS incorpora al poeta como colaborador, iniciándose allí las primeros adelantos de sus Odas Elementales (1954), las que continuará tras su visita a Venezuela (1959) con sus Navegaciones y regresos. Por aquel tiempo (1953) MPS  sucedía a Arturo Uslar Pietri en la dirección de “El Papel Literario” del diario. Uno de los oradores, junto al Ministro de Educación J.M. Siso Martínez,  en el entierro de Picón-Salas (2 de enero de 1965, Cementerio General del Sur, Caracas) fue, precisamente, Miguel Otero Silva, cuyo texto fuera publicado (junto a otros Homenajes) en El Nacional (C-1): “Como Andrés Bello, Picón-Salas creyó más en la luz de la pluma que en el metal de la espada... como Andrés Bello, MPS escapó a Chile cuando la violencia le oscureció el camino”, expresó MOS. El 7 de febrero publica “La señal amiga”, en el PL (3). El  mensaje póstumo de don Mariano: “Prólogo al Instituto Nacional de Cultura”, del cual fuera su Director-Fundador, fue leído (en ausencia) por el propio Miguel Otero. Ello da cuenta de la vinculación y amistad entre ambos escritores venezolanos.
La amistad Miguel Otero “Orinoco” con Neruda es de larga data (fue su “contacto” permanente en Caracas) y de fuerte compromiso, tal como queda manifiesta en diversos hechos: su nombre ha quedado inmortalizado en las páginas del Canto General: “Carta a Miguel Otero Silva, en Caracas (1948)” (1976: 281-284). Y MOS, junto a otros venezolanos (Carlos A. León, J.F. Reyes Baena, Juan Liscano, Inocencio Palacios, José Ratto Ciarlo) integraron el reducido grupo inicial de subscriptores de esa su obra “más vasta y ferviente”.. Cuando el viaje a Venezuela de Neruda (1959) uno de sus anfitriones principales fue MOS. El día 20 de enero comparte en su quinta “Lérida” con el visitante y otros notables invitados: Rómulo Gallegos, Angel Rosenblat, Arturo Uslar, Liliana Iturbe (viuda de Andrés Eloy Blanco), Fabricio Ojeda, Alejo Carpentier...(El Nacional). En 1963, Neruda prologa la edición checa de las novelas Oficina N° 1  y Casas muertas, de su amigo (PNHN: 123-126).
En 1965, Neruda vuelve a su pueblo natal (Parral): lo acompaña, junto a Volodia Teitelboim, Miguel Otero. Con motivo de la obtención del Nobel, MOS fue una de las personas que viajó tanto a Paris como a Estocolmo (además de García Márquez de Colombia  y  Siqueiros de México), para compartir tales momentos de gratificación. El último encuentro entre ambos sucedió el último Año Nuevo vivido por el poeta (“La Sebastiana”, 1973). Ido físicamente Neruda, el venezolano no solamente colaborará con Matilde Urrutia   en la elaboración de sus  Memorias y publicaciones póstumas sino que, además, junto a su esposa Teresa Castillo (actual Presidenta del legendario Ateneo de Caracas), ayudó en la enorme tarea de solidaridad cumplida con los más de ochenta mil chilenos exiliados en Venezuela durante la dictadura de Pinochet en Chile.
Con estos dos nombres paradigmáticos, Mariano Latorre y Miguel Otero,  que enlazaron las vidas y producciones de nuestros personajes, cerramos con involuntarias omisiones, este débil diseño de una red humana de alta potencia y proyección para la cultura latinoamericana.
Viajes

El itinerario inicial del uno, de Mérida, Maracaibo, Caracas. Santiago, y del otro, Parral, Temuco, Santiago, Buenos Aires, Oriente, se diversificará con los años, coincidiendo muchos lugares, además de sus respectivos países, por ellos recorridos: España, Francia, Italia, Checoeslovaquia, Alemania, Estados Unidos, Guatemala, México, Cuba, Brasil, Perú, Panamá, Colombia, entre otros. En algunos de ellos desempeñaron cargos diplomáticos representando a sus países, tanto en América como en Europa, siendo los cimeros el de Embajador ante la UNESCO (Paris, 1959), uno, y Embajador en Francia (1970), el otro,  donde lo encontrara la noticia de su nominación al Premio Nobel de Literatura (1971).
Tal vez uno de los signos, casi diríamos “síndrome”, que marcó sus vidas fue el del “viaje”, dictum que  dirigió las venturas y desventuras personales y productivas. Fue por mediación de “viajes” que recibieron honrosas distinciones, por ejemplo, Picón Salas de las Academias de Historia de Argentina, Colombia y España, entre otras, y Neruda, sin título universitario, Doctorados Honoris Causa en las Universidades Oxford, Michoacán y Central de Venezuela.
Ellos mismos se autopredicaban viajeros, argonautas, naúfragos o peregrinos. En Chile, en su Registro de Huéspedes (1934) el venezolano escribe: “Vamos empujando la vida entre vientos contrarios, veníamos entre dos épocas diferentes... llevados y traidos por el naufragio de los acontecimientos” (105). Tales errancias, destierros, misiones y aventuras por diversas latitudes del mundo se produjeron a pesar y por sobre sus sentidas fijaciones localistas, sus amores provincianos o sus lealtades a las patrias chicas. De Mariano Picón-Salas, dice Guillermo Sucre: “El anhelo y aun la necesidad de errancia geográfica y espiritual en contraste con la añoranza del paraíso perdido de su nativa Mérida” (El Nacional, PL, Caracas, 27-12-1987). Algunos títulos de sus obras reflejan la impronta: Buscando el camino (1920); Preguntas a Europa (Viajes y ensayos), (1937); “Viejas notas de un viaje al Perú” (RNC, N° 4 1939); Un viaje y seis retratos (1940); Viaje al amanecer (1943); “Viaje a las tierras altas” (1958); Regreso de tres mundos (1959); Hora y deshora: temas humanísticos, nombres y figuras, viajes y lugares (1963). De Pablo Neruda, tal vez una forma sintética de definir la situación sería el título de la obra referencial: El viajero inmóvil, del uruguayo Emir Rodríguez Monegal (1966). De su obra consignaremos sólo algunas: “El dolor del viajero”, “Los viajes imaginarios”, “Viaje” (en RI, 1980); “Farewell” (1923), “El fantasma del buque de carga” (1932), “Himno y regreso” (1943), “Alturas de Macchu Picchu” (RNC, N° 57, 1946), “El viajero” (CG, 1950), “El olor del regreso” (prosa, 1952), “Cuándo de Chile”(1952), Viajes (prosa, 1955) “Oda al viaje venturoso” (TLO, 1957), “Itinerarios”, “Adiós a Paris” (en Estravagario, 1958), Navegaciones y regresos (1959), “Primer viaje”, “Primeros viajes”, “Exilio” (MIN, 1964); La Barcarola (1967), “Volver volviendo”,  “Regresando”, “El viajero”, “Exilios” (FM, 1969), “Siempre por los caminos”, “De viajes” (GI, 1972).
Tal vez uno de los textos claves en Neruda sea su “Viaje al corazón de Quevedo” (en Viajes), en el cual rescata aquella ala perdida de sus vuelos y aterrizajes en el filo de la navaja del ciclo vida-muerte y de sus raíces hispánicas. En todas estas experiencias y creaciones hay mucho de búsqueda (de sí mismo) y del sentido de la vida, y mucho también de lenitivo para fantasmas, de rescate de recuerdos, en suma, de catarsis. A propósito de su Viaje al amanecer dice MPS: “Escribí un librito como para liberarme de una obstinada carga de fantasmas y seguir ‘ligero de equipaje’... mi peregrinación del mundo” (OS, 1962, IX).
De modo que en ellos se conforma una tríada generatriz: “vida (infancia)-viaje-libro” que cruza las formas y los contenidos de sus producciones. Nuevamente será el biógrafo Guillermo Sucre quien diagnostique certeramente el síndrome: “Toda la vida de Picón-Salas estuvo signada por los viajes. El viaje como renuncia mística y pacificación, como ruptura y voluntad de conquista, como condena... es como un regreso a la inicial perplejidad e incertidumbre con que hemos venido al mundo... catarsis...” (El Nacional, PL, 27-12-1987). No menos acertado y complejo es el biógrafo nerudiano Hernán Loyola quien, en la “Introducción” a Residencia en la tierra (1987) sostiene que su obra significa una “difícil recuperación de recuerdos”, ligada al “espacio sentimental y familiar que desde la infancia fuera la escritura del poeta... como una tensión utópica a reunirse verticalmente con la totalidad de sí mismo, buscando superar una escisión originaria y radical” (27 y ss.).
Respecto a Picón-Salas dice su hermana Josefina Picón Ruiz “cuando no podíia viajar, se cambiaba de residencia” (1992), y el propio aludido hablaba de “mi voluptuosidad de viajar”.
Dialécticamente tal condición nómade se equilibraba con la estabilidad y prolijidad con que instalaron sus casas o residencias, con amplios rincones proclives al diálogo y a la meditación. Josefina Picón agregaba a lo anterior: “ sus casas tenían un sello especial, era un conversador empedernido”. En el caso del poeta, conocidas son las construcciones y permanencias de sus cuatro casas, ligadas a sus amores y al producto de sus obras; ellas representan, interpreta bien Mario Rodríguez (siguiendo a Gastón Bachelard): “la búsqueda del espacio feliz” (1971). Así se lee, también, efectiva y metafóricamente Una casa en la arena, ese tesoro semiótico localizado en su creada “Isla Negra” llena de fantamas, caracolas,  mascaronas, cosas del mar y de amores.
Pero el “viaje” adquiere otra interesante dimensión en el pensamiento de Picón-Salas, en tanto instrumento de investigación histórica. A partir de esta significación plantea que “toda excusión al pasado” (nuestro) debe auxiliarse de “los libros de viajeros que descubrieron para la pupila europea al color de estas tierras”: tal fue el criterio que utilizara (con G. Feliú Cruz) para la elaboración de ese didáctico aporte titulado Imágenes de Chile: vida y costumbres chilenas en los siglos XVIII y XIX a través de testimonios contemporáneos” (1933), el cual será reeditado en Santiago este año 2001.

Producciones
Los tiempos, los espacios, los avatares biográficos y político-culturales propios de una “generación”, las motivaciones y expectativas social-humanistas, la concepción del idioma, del arte y de la historia, contribuyeron en la forja de una singular confluencia en las obras del ensayista y del poeta. También, en la configuración de las obvias disonancias que nos ocuparán más adelante, incluidos sus estilos personales y su convicciones políticas.
Consideramos relevante - reiteramos -  la significación que ambos conceden en sus escritos autobiográficos y exegéticos a los espacios vividos durante la niñez, sus aspectos naturales y sociales (“el sentido mítico de la infancia”). En tal sentido son homologables los escritos Viaje al amanecer (1943) y Las nieves de Mérida (1959) del venezolano, con los del chileno: “Infancia y poesía” (1954) y Memorial de Isla Negra (1964). Sus aproximaciones adolescentes han quedado estampadas en Buscando el camino (1920) y en la recopilación de la obra juvenil del poeta Río invisible (1980). En lo autobiográfico, el compendioso Regreso de tres mundos (1959) es equivalente, y también en prosa, a las Memorias nerudianas contenidas en su Confieso que he vivido (1974) y Para nacer he nacido (1978), ambas preparadas en 1974 y 1977 por su viuda Matilde Urrutia y por su compañero venezolano Miguel Otero Silva.
En el contexto de sus viajes como generadores de conciencia y letra americanista destacan el que realizaran al Perú: en “Estampas de un viaje inconcluso al Perú” (1935) y  “Alturas de Macchu Picchu” (1946). Otro espacio sagrado, de impacto y expresión, fue México, que generó Gusto de México (1952) en Picón-Salas, y en Neruda el Canto a Bolívar (1941), trozos del Canto General (1950), y de su ya citada y andante prosa de Viajes (1955).
Las visitas a Europa gatillarán en ellos importantes reacciones, dudas identitarias y cuestionamientos culturales y linguísticos. Así, Picón-Salas en Preguntas a Europa (1937) y Europa-América, preguntas a la esfinge de la cultura (1943); en Neruda, además de su emblemática España en el corazón (1937), se anudarán nombres (Quevedo, entre ellos) amistades y el encuentro con Delia del Carril, su compañera de vida y de militancia política.
En ambos tales experiencias remecieron sus  estructuras psicosociales en términos personales y culturales: “El viaje a Europa - dice Picón-Salas en Europa-América, 1937 - fue un viaje al fondo de mi yo suramericano, que anhela tener conciencia de lo que le falta y lo busca a través de los hombres, los paisajes y las culturas distintas” (VNM: 335). Diez años más tarde, en el nuevo Prólogo de 1946, insistirá: “Los mejores espíritus de las dos Américas, de Jefferson a Bolívar, de Emerson a Rubén Darío,  descubren lo americano presentando como supuestos previos los métodos y el instrumental europeo (diferente al “autoctonismo espiritual”)... y el viaje de regreso a las raíces de nuestra cultura conduce forzosamente a las playas del Mediterráneo y a la prosa platónica” (Id.: 328).
Este bellista eurofilismo es reiterado en otros textos en los que defiende la “civilización occidental y cristiana”, y su “formas” del “universalismo” como ejes orientadores de una posición ética, estética y política personal, que difiere bastante a la sustentada por el poeta chileno. Con su qué, Feliú Cruz destaca que MPS: “provenía de una familia... orgullosa de no llevar sangre de mulatos ni de negros” (1970: 40). Tal afirmación, si bien tiene antecedentes, es enmendada por el propio biografiado, al decir más de una vez que sí portaba tal vez sangre mestiza desde generaciones anteriores.
En Neruda el contacto con España (1934-1935), y la aún casi ausente identidad social ligada a lo autóctono lo lleva a decir lo siguiente de sí-mismo en términos políticos y étnicos, con ocasión de una Conferencia-Homenaje a García Lorca (Paris, febrero de 1937): “recién salido de España, yo, latinoamericano, español de raza y de lenguaje… No soy político ni he tomado nunca parte en la contienda política, y mis palabras, que muchos habrían deseado neutrales, han estado teñidas de pasión” (OC, 3: 644). Este sesgo hispánico había sido veladamente criticado por la sagaz Gabriela Mistral en un recado enviado un año antes: “Neruda se estima blanco puro, al igual que el mestizo común que, por su cultura europea, olvida fabulosamente su doble manadero” (En Boletín, Invierno, FPN, 1989: 5). No pasaría mucho tiempo antes de que aquel predicado ‘blanqueo’ político y etnocultural fuera transmutado en rojo pacto con su tierra y no menos rojo compromiso con su pueblo indoamericano. (Más tarde escribiría: “Las absurdas pretensiones ‘racistas’ de algunas naciones latinoamericanas, productos ellas mismas de múltiples cruzamientos y mestizajes, es una tara de tipo colonial” (CHV: 229).
Por su parte, al factor étnico, agregará MPS como factor importante, legado por Europa (España), la lengua, el idioma, en el modo en que lo planteara Andrés Bello, como elemento primordial de “integración hispanoamericana”, tal como lo sostiene en el “Prólogo” de su clásica obra De la Conquista a la Independencia (1944). Pero, a su vez, esa lengua española, al igual que las ideas encapsuladas en ella, ya no dicen ni son lo mismo en contacto con el hábitat americano. Ya en 1935 (Intuición de Chile...) afirmaba que: “Es difícil escribir para la eternidad en nuestra América del Sur donde hasta las ideas, las estilizadas ideas que nos manda la ‘vieja Europa’ se cargan de la agresividad ambiente o, germinando en su suelo pantanoso - suelo de prehistoria - dan floraciones insospechadas” (Prólogo: 9). En tal sentido, aprobaba y defendía los “venezolanismos” y neologismos incoados en la propia geocultura americana, sin dejar de rechazar los “barbarismos” e imposiciones yanquis o foráneas sobrepuestas. “Se puede ser - decía - el más perfecto clásico usando ‘zaperoco’, ‘tequiche’, ‘guayoyo’, o zaparanda’...” (cit. P.Grases, 1966: 226).
También el hibridismo cultural y el sincretismo religioso y popular  fue recogido por el ensayista, por ejemplo, en este texto sobre la comarca de Cundinamarca y del Magdalena: “El terremoto, el derrumbe, la crecida mantienen el prestigio de lo telúrico y sobrenatural. El dorado Bochica, caballero del Arco Iris, había abierto el camino de Cristo. Donde hubo un santuario de los chibchas aparecía, naturalmente, una virgen española. Y los instrumentos musicales y las danzas del pasado indio servían ahora para las procesiones católicas” (“Viaje a las tierras altas”, 1958).
Por eso en su errancia chilena, a través de sus creaciones iniciales trajo un montón de términos, algunos ya editados por Bello, propios de la “zona-tórrida”, de la “cultura del maíz y de la yuca”. Cortésmente en esa “geografía lírica del trópico con algo de  barroco” (Ricardo Latchman) que fue Odisea de Tierra-Firme adjunta un glosario de palabras, para mejor entender sus relatos y reminiscencias tropicales, entre ellos: conuco, cotiza, joropo, locha, mapanare, caney, morrocota, pelo e’ guama, samán, zamuro,.... O sabrosos dichos sazonados de hibridación cultural: “negro con blanco, no pue sé”. Como contrapartida, con mucha perspicacia, nutriendo con experiencia directa sus cánones linguísticos, igualmente incorporó a sus textos - como Bello - “chilenismos” como “pelambre, topeaduras, rodeo, pije, tinca, roto, apequenarse, huaso, chute, guillatún, pata e’ perro..”. . Su “pequeña historia de la arepa”, sus rememorantes “hallacas” e hirvientes “sancochos” serían “comprendidos” y saboreados por el propio Neruda cuando visitara Venezuela: “recién salida del tormento... clara como una arepa”, en enero de 1959.

Mariano Picón Salas y Chile
En su errancia en Chile, al igual que su paisano Bello, vuelve iterativamente a la comarca venezolana. En Mundo imaginario (1927) revive el mito del “cuco”: “el Inglés” y de “San Pascual Bailón, el avisador de muertos”; en el apartado “amor y tierras cálidas” expresa: “ es precoz el amor (hamacas)... y Marta fue para mí la mujer... Era agosto y el campo estaba todo dorado y perfumado con la cosecha de los mangos...”. Su biógrafa Esther Azzario (1980) comentando Registro de Huéspedes (1934) anota: “Es oportuno señalar que las motivaciones generadoras de toda la obra de creación de PS giran siempre en torno a recuerdos y experiencias personales fijadas emocionalmente por la sensibilidad y coloreadas por su carga de pasión” (30). Respecto a esta etapa del ensayista, superada por su racionalidad y madurez posterior, bien podríamos aplicar lo reiterado tantas veces por el poeta chileno respecto a sí-mismo, en el sentido de que todo lo escrito, lo creado no fue sino lo vivido, lo experienciado con todos sus sentidos, desde y con la tierra, a nivel de piel.
Su producción más notable en Chile:  Mundo Imaginario, Nascimento, Santiago, 1927; Hispanoamérica, posición crítica, Universitaria. Stgo., 1931; Odisea de Tierra  Firme (vida, años y pasión del Trópico), Renacimiento, Madrid, 1931;  Problemas y métodos de Historia del Arte, Nascimento, Stgo. 1933;  Imágenes de Chile, Vida y costumbres  chilenas entre los siglos XVIII y XIX a través de testimonios  contemporáneos (con G, Feliú C.), Nascimento, Santiago, 1933; Registro de Huéspedes, Nascimento, Santiago, 1934 e Intuición de Chile  y  otros ensayos en busca de una conciencia histórica, Ercilla, Santiago, 1935. Obras posteriores suyas editadas en Chile (Zig-Zag). Preguntas a Europa (1937) y Ensayos escogidos (Con Pról: R. Latcham, y Nota Prel.: Juan Lovecluck), 1958.
Pero lo más aportativo fue la “intuición” y descripción que hizo a través de muchos ensayos y estudios sobre el paisaje natural (“Chile es un largo escabel de granito esculpiendo el Pacífico”) y humano de Chile. Si bien realizó semblanzas de personajes como José Toribio Medina (“albacea de la historia de América”), el desterrado Domingo F. Sarmiento o Monseñor Crescente Errázuriz, aquí nos limitaremos a consignar sus enunciados sobre nuestros máximos poetas, a partir de los cuales se explaya acerca del carácter social y de la historia de nuestro país (“Chile o la “aspiración al orden”).  En “Testimonio de Gabriela” (Hora y deshora) dice:
“Ministerio moral de América. Su poesía, pedagogía superior y totalizadora (roqui araucano). Sacerdotisa de una peculiar religión indoamericana, como extraordinaria narradora de cuentos y consejas ancestrales parecía que hubiera grabado el mapa de América en su corazón y nadie - después de Martí - escribió páginas de una geografía caminada en las landas heladas de Paragonia, en los desiertos del Norte de Chile, en las húmedas colonias de Puerto Rico, en la altiplanicie mexicana. Pedro Prado prologó su Desolación al igual que el Crepusculario de Pablo Neruda... Gabriela, mujer y madre de todos los niños del mundo, encedida de justicia por todos los que en nuestra América la piden a voces” (1963: 103 y ss.).

Respecto a Neruda, su juicio, aunque cronológicamente circunscrito, es muy significativo:

“A la altura de 1925 pasa por la poesía de América una tremenda voz disolvente: la del poeta chileno Pablo Neruda. Será después de Rubén Darío el poeta que haya merecido mayor ámbito contiental... Más abajo de la corriente sigue una vida subterránea, nocturna, llena de légamos y raíces... Su guiado desorden, su tristeza sensual, su máscara de insomnio se han identificado con todo lo que hay de mágico y azaroso en el alma del criollo sudamericano. Él también influyó en Venezuela...” (“Paseo por nuestra poesía”, OS: 166).

Es a través de ambos poetas, y su tutor Bello, que el ensayista reconstruye una sintética visión del país:
“poetas cuyo  húmedo lamento se parece al de la trutruca araucana perdida en la boscosa lejanía... Pablo Neruda... Mientras que en los versos de Gabriela Mistral está el sol del Norte, el desierto y los oasis... la greda  roja  y negra  en que los diaguitas y atacameños modelaban sus imágenes  del mundo, en los versos  de Pablo se precipitaban las tormentas  y las obstinadas  lluvias del Sur.  Estas dos voces - la solar y la húmeda - expresan en variedad  de tonos  la polifonía del espíritu chileno... En el estilo jurídico  que le ofrecieron  sus hombres de Estado, en el que escribiera Bello sus Códigos, se siguen vertiendo, plasmando y organizando las nuevas  necesidades humanas”. (“Pequeña nota sobre la nación chilena”, Id.:: 611).

Entre las figuras que descuellan en su magnífica producción brilla con luz propia don Andrés Bello.   Por ello, será Picón-Salas a quien se encargue el  Prólogo al Volumen XIX (“Bello y la Historia”) de las Obras Completas, edición venezolana, del Maestro (1957).  Allí el escritor forjado en el estilo y el método de la casa de Bello traza una apretada descripción histórico-literaria del país:
  “La Araucana da a Chile un mito nacional, una aguerrida conciencia de estirpe, antes que sentimientos parecidos broten en otras comarcas americanas.  Por otra parte, la misma lejanía en que vivía la población criolla de aquel país, separado del mundo por los desiertos del norte y los mares  solitarios y helados del extremo sur, acendra en sus valles agrarios, al pie de la cordillera, un espíritu territorial austero, vigilante... sobriedad y entereza...; ... la epopeya de esa móvil frontera que se va corriendo y poblando a medida que se gana tierra a los indígenas, es asunto permanente de la Histografía chilena desde las admirables Cartas  de Pedro de Valdivia al Emperador Carlos V, hasta las  Crónicas de Diego de Rosales y Miguel de Olivares, pasando por libros  de tanto  encanto literario como la  Histórica Relación del Reino de Chile del padre  Ovalle  y el Cautiverio feliz de Pineda y Bascuñan.   Tenía, pues,  el hombre chileno  mayor ocasión de reflexionar  sobre su pasado y hazañas  colectivas que el de otros países indianos”. (XLIV-XLV).

Aquí se contienen los elementos  basales del proceso de sociogénesis etnocultural de la nacionalidad  chilena.  Pero el historiador  avanza, más allá del Maestro, su propio juicio respecto a la situación sociopolítica existente para el siglo XIX (y hoy) en esta República:
“El pueblo estaba ausente del drama... ingenuo Juan Pueblo en que se juntaban alborozadamente las sangres  de Castilla, Andalucía y Arauco... La clase dominante se había  constituido una historia, verdadera crónica  heráldica en que el derecho a la gloria y a la tradición se  lo reservaban unas cuantas  familias.  El roto no podía leer  tan severa  historia y se entretuvo con los cuentos de Pedro Urdemales, con los corridos, con la leyenda de Manuel Rodríguez, que fue  el héroe que había  entendido mejor el alma de este pueblo... (pero) un sordo rumor  irremediable  va colmando el alma de este  pueblo que es dentro del Estado chileno otra nacionalidad, otro Estado, aún sin forma, cuya historia, cuya economía, cuya moral no pueden medirse con la escala que sirve a las clases  dominantes”. (“Intuición de Chile, 1933”, OS: 601).

Demás está decir que tales “intuiciones” del ensayista serían  desplegadas en esa crónica poética que, respecto a la América, construyera el poeta chileno, su Canto General (ed. 1976), particularmente en el poema “La tierra y los hombres” (168), en el “Canto VIII / La tierra se llama Juan” (221 y ss.) o en el poema “Patria, te quieren repartir” (306).
Desde esta pródiga dádiva de amor y recreación con la realidad chilena, resulta explicable que podamos adjudicar a Mariano Picón-Salas la doble condición de venezolano y chileno y que, cuando falleciera al despuntar el año 1965, el hecho conmoviera tanto y a tantos chilenos. En lo institucional  “en señal de duelo el Congreso de Chile suspendió por dos minutos su sesión. Luego se refirieron a la obra del escritor los diputados Hernán Leigh y Rafeal de la Presa” (Diario La Nación. 8 de enero de 1965: 11) y, en lo personal, el sentido y representativo decir de su caro y viejo Humberto Díaz Casanueva: “ojalá que estudiemos en nuestras universidades americanass con mayor interés y ardor el sentido y significación de su obra... Sólo quiero decir que me apoyo en su memoria como en un árbol” (“Tributo a MPS”, RNC, 1975, N°129).

Pablo Neruda y Venezuela
En su mentada búsqueda de Venezuela, y antes de pisar su tierra-firme, el poeta chileno desarrolló múltiples aproximaciones, algunas ya señaladas, a propósito de sus vínculos con Miguel Otero “Orinoco”. Ya había cantado a Bolívar, el primer nombre latinaomericano que asoma en su obra poética (1941), ya había nombrado en el estilo de las Silvas belistas sus fauna, flora y nombres en el Canto General (1950), y había intentado bajar en La Guaira (1957), siendo impedido de hacerlo (dictadura de Marcos Pérez Jiménez).  Recuperada la democracia (23 de enero de 1958), y en la celebración de su primer aniversario, el poeta es invitado, por fin, a visitarla. Llega, a bordo del Usodimare el 19 de enero de 1959, para retornar en el Orinoco el 27 de Marzo. Fueron días de festejos, de alegrías, de eclosión productiva; allí fueron sus anfitriones la mayoría de los venezolanos que antes nombráramos. Visita Barquisimeto, Maracaibo, Mérida (ULA), Acarigua (José Rafael Gabaldón), Boconó (Domingo Miliani), Valencia, Guanare, Coro, Ciudad Bolívar... Canaima y el Caroní, llanos (incluso “Ortiz”, el pueblito macondiano de Casas muertas        -MOS), montes, playas, El Avila. Universidades, Radio Caracas TV, Ateneos, Liceos, Escuelas, Teatros munipales, Biblioteca Nacional...
El 26 de enero visita el Instituto Pedagógico, fundado por Mariano Picón-Salas en 1936, y el 27 el Liceo “Andrés Bello” donde refiere del maestro venezolano: “no sólo nos enseñó ortografía, sino la vida toda” (El Nacional, Caracas).
El 3 de febrero manifiesta, asombrado, en  El Nacional: “Ahora sé que mis vínculos con Venezuela son más profundos que lo que creía”.
El 4 de febrero el Concejo Municipal de Caracas lo declara “Huésped Ilustre de la ciudad” y en su discurso dijo:
“Esta mañana bajé del Monte Ávila. Allá arriba tiene Caracas su corona verde, sus esmeraldas mojadas...Salud, ciudad de las liberaciones y de la inteligencia, ciudad de Boívar y de Bello... ciudad que el 23 de enerp recién desgranado en elk trigo del tiempo diste un resplandor de aurora para el Caribe y para toda nuestra América amada y dolorosa!... para continuar mi camino defendiendo el amor, la claridad, la justicia, la alegría y la paz, es decir, la poesía” (PNHN, 1978: 377-378).

El 30 de enero recibe un homenaje de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, con la participación de Antonio Estévez, Alirio Díaz y Fedora Alemán.
Aquejado de una dolencias cardíacas por ahí va sanando con el regalo de una mascarona (“El Armador”) que le encontrata en Puerto Cabello el poeta Luis Pastori, y cómo nó, con agradables estadías en playas tropicales.
El 12 de febrero (Día de la juventud) se encontró la La Victoria con Fidel Castro y Salvador Allende. Mucho platicó, escribió, paseó, comió, vivió, andando por media Venezuela: “ Yo caminé la Venezuela dura / la piedra del calvario... /y vi una Venezuela / clara como una arepa / firme y pura / recién salida, intacta del tormento” (Navegaciones y regresos, OC, 2: 808).
Sus hermanos poetas producen Todo lleva tu nombre (plaquette con poemas de Neruda a Venezuela) y la AEV publica  tres de sus Odas:“al libro”, “a las Américas” y “a la luz” (1959). Tras su partida se edita (1960) Fuego de hermanos para Pablo Neruda (Juan Liscano, José Ramón Medina, Miguel Otero, Luis Pastori y Rafael Pineda).
Las principales creaciones del poetas, motivadas por la luz, las aves caribeñas, el calor de la tierra y la amistad del pueblo venezolano se encuentran en Navegaciones y regresos (1959): Oda a los nombres de Venezuela”, “Adiós a Venezuela, Oda al 23 de enero”; en Canción de gesta (1960): “Por Venezuela”, “El tigre”, “Pérez Jiménez”, “Un demócrata extraño”, “Las aves del caribe”;  en Cantos Ceremoniales (1961), obra en que se publica su ‘elegía dedicada a la memoria de Manuela Sáenz, amante de Simón Bolívar’: “La Insepulta de Paita” que terminara precisamente durante su estadía en Caracas (OS, 2: 913-930). Al final se va cantando: “Oh, Venezuela, cantas en el mapa / con todo el cielo azul en movimiento” (“Américas”, Canción de gesta: 61). En Fin de mundo (1969) pervive luminoso el recuerdo del viaje; “Por Caracas, dura y desnuda / anduve, loco de vivir, / ahíto de luz, atropellado / por la luz de Venezuela” (“Venezuela”, OC, 3: 435).Y lúdico y querendón, deja a sus amistades caraqueñas algunas preguntas en un libro póstumo: “Díme, la rosa está desnuda / o sólo tiene ese vestido?/ Sabe la bella de Caracas / cuántas faldas tiene la rosa? / Cuándo se fundó la luz / esto sucedió en Venezuela? “ (Libro de las preguntas, 1974).

Sobre el amor
Mariano Picón-Salas y Neftalí Reyes Basoalto (PN), hijos únicos (de Pío y Delia,  y de José del Carmen y Rosa Basoalto, respectivamente), replicando las conductas paternas (segundos matrimonios con Helena Ruiz, uno, y Trinidad Candia, el otro), se casaron más de una vez. De los matrimonios paternos tuvieron medios(as) hermanos(as): por una parte, Josefina, Alberto (fallecido trágicamente en Santiago) y Ada, en el caso de MPS, y Rodolfo y Laura, en el caso de PN.
MPS se casará con Isabel Cento (1928), tendrá con ella su única hija, Delia Isabel (1937, actualmente residente en Caracas), se divorciará (1942), y en 1947 se casará (por poder, desde Panamá) con la caraqueña Beatriz Otáñez. PN se casa en 1930 con la holandesa María Antonieta Ageenar (Batavia), con quien tiene a su única hija, Malva Marina (Madrid, 1934) que, nacida enfermita (hidrocefalia), fallece pocos años después (1942). En Madrid (1934) encuentra a su segunda esposa y compañera, Delia del Carril y, finalmente (1949), el amor definitivo de su vida, la medusa y reina de su poesía: Matilde Urrutia. Tales son, en síntesis, algunos aspectos de la biografía amatoria y familiar de nuestros personajes.
En sus vidas, y en sus infancias desepeñaron papeles fundamentales las figuras maternas, en el caso del poeta por ausencia (“deprivación materna”), compensada luego con la actuación de la “mamadre”. En sus etapas infanto-juveniles tuvieron como confidentes, Mariano a una prima (“María Isabel”, en sus relatos) y Neftalí, a Laura (la “conejita” de sus Cartas).
A ambos el sexo inicial les llegó en ambientes campestres, al compás del calor y las trillas. En Santiago, veinteañeros, encuentran sus primeros y compromitentes amores  (Albertina Rosa Azócar e Isabel Cento, como consignáramos anteriormente). Desde entonces, hasta hoy, el Instituto Pedagógico ha sido cuna no sólo cultural y política, sino también erótica y gestora de lazos que constituyen una tradición, ya social-histórica.
Aunque en el más severo e intelectualizado estilo del merideño no caben desbordes ligados a lo erótico y sexual, ni menos, autorreferidos, en sus realistas imaginerías chilenas dedica un espacio a “las horas del amor”. También en su Regreso de tres mundos (1959) dedica al tema un sugerente título, casi nerudiano: “VII. Amor, en fin, que todo diga y cante”.  El contenido de su exiliar Mundo Imaginario (1927) constituye un excepcional ejemplo de “transferencia” maternal y de “regresión” que, a su vez, en el caso de Neruda, serán mecanismos psicodinámicos determinantes y claves en la configuración de sus vínculos amorosos. Así cuenta MPS:
“Yo comparaba, madre, su amor con el tuyo, y el tuyo tenía la permanencia... y sonreía, oh Madre, de verme feliz como cuando era niño celebrando mis juegos”. Más tarde, “el amor en reposo”: “Ya eras mía y tenías el sello indeleble de las cosas que amo. Placíame imaginar que construía para ti la cabaña de frescas palmas verdes, donde el hombre convierte destino su última inquietud, acostumbré a mi lengua bárbara y a mi esperanza de regreso, yo sólo quería tenerte; nadie me llamaba allá lejos, y aquí estaba la palabra deleitosa - de olvido y de descanso - de tu dorada juventud, perla que descubrí en el mar” (140 y ss.).

A diferencia de su par, el poeta fue ducho en lances y en escritos amatorios (como ha quedado filmado en “El cartero”), en el marco de la desequilibrante cuerda cíclica “nacimiento-vida-muerte”, médula la más sensitiva que sostiene su “esqueleto de palabras”. Desde los Veinte poemas..., Los versos del capitán, hasta los Cien sonetos de amor, que dedica a Matilde Urrutia en la forma exigida por MPS:
 “Señora mía muy amada:...con mucha humildad hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura substancia y así deben llegar a tus oídos.... Tú y yo caminando... recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie... De tales suavizadísimos vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto. Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste vida... Octubre de 1959”.

Ideas sobre arte, literatura y sociedad
Más acá de las profundas divergencias político-ideológicas, de estilo y de género, y como personalidades concretas, en el orden de las ideas sobre la creatividad , el escritor y la conexión ‘literatura-sociedad” sus pensamientos asombrosamente semejantes, y tienen como soporte el fundamental tópico de la “comunicación”.
En diversos textos, especialmente Formación y proceso de la literatura venezolana (1940, reeditado en 1961), y en sus artículos “Y va de ensayo” y “Literatura y sociedad” (VNM, 1983) expone sus planeamientos MPS, y particularmente en sus textos autoexegéticos y en sus Discursos de Estocolmo (1971), con ocasión del Nobel, Pablo Neruda. A continuación desplegamos una serie de textos atingentes, de uno y otro escritor (los de Neruda en cursiva) que muestran las coincidencias y comunidad de pareceres.
“Hay un legado ancestral, una forma de contacto del hombre con el ambiente que no puede violentar impunemente ninguna tecnología” (VNM: 90).Pienso que la poesía es una acción pasaje o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza...(2001 a: 93).
“La mejor lección que puede dar un escritor... es trabajar su instrumento expresivo con la misma exactitud y variedad configuradora con que el buen ebanista convierte su pedazo de madera en objeto hermoso y social útil... hay que usar también escuadras e invisibles instrumentos de cálculo... fecundado por el estudio, la meditación, la congoja”  ((“Y va de ensayo”, VNM : 502). Como poeta carpintero/ busco primero la madera/ áspera o lisa , predispuesta:/ con las manos toco el olor,/ huelo el color, paso los dedos/ por la integridad olorosa/ por el silencio del sistema.../Lo segundo que hago es cortar.../ la tabla recién elegida/ de la tabla salen los versos /como astillas emancipadas... para que mi poema /tenga piso/...se levante junto al camino...” (“Fin de mundo”, OC, 3: 399). Yo soy un artesano de mi poesía, soy un poeta de utilidad pública (Hijo Ilustre, Municipalidad de Valpararíso, 31 de octubre de 1970). Cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo... fragmentos de piedra o de madera en que alguien, otros,  los que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos” (“Discurso de Estocolmo”, 2001: 95).
“Pensé desde entonces que que la misión del escritor de América estaba en la capacidad de expresar esa naturaleza y ese enigma de sangres mestiza... que es la de nuestra progenie indoamericana” (“RTM”, OS: 1398). El poeta (panadero) cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria... sencilla conciencia de convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños... Los escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso, somos conscientes de nuestra condición de pobladores. Necesitamos colmar los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez esa sea la razón determinante de mi humilde caso personal..... que mi misión humana era agregarme a la extensa fuerza del pueblo organuizado, agregarme con sangre y alma: con pasión y esperanza (2001 a: 94-95).
“Lo que cabe de heroico en el oficio de pensar y escribir es que el verdadero escritor que siente que la palabra no se le dio como juguete personal, sino como medio para comunicarse con los demás hombres, y hacer más habitable el mundo, no renuncie a esa militancia ( “Profecía de la palabra”, VNM: 461).
“No nos basta el arte tan solo, porque aspiramos a compartir con otros la múltiple responsabilidad de haber vivido (OS, XV). “Pero cada vez que el hombre sale de su yo y se comunica con los demás por la palabra, la actitud o la obra artística está cumpliendo una función social... y por eso la obra literaria posee un valor social en sí” (“Literatura y sociedad”, VNM: 508).
No hay soledad inexpungable. Todo los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos... los más antiguos ritos de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común... Yo escogí el difícil camino de la responsabilidad compartida Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad de la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinitas, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía: dar luz, justicia y dignidad a todos los hombres...(2001 a: 93 y 95).

Una última e insólita coincidencia que hemos encontrado es la alusión a otras vidas, en el modelo reencarnacionista, y que transcribimos sin comentarios:  En Registro de Huéspedes (1934) leemos: “ Quién sabe si en otras vidas ese hombre fue un esclavo y yo hice sangrar su espalda con el látigo de capataz” (135). Neruda, ante la noticia de la muerte de su amigo Rubén Azócar  escribe en La Barcarola (1967): “No es la vida la que hace a los hombres, es antes / es antes: remoto es el peso del alma en la sangre” (OC, 3: 118).

Huellas y recuerdos
Acordes con sus patrones mnémicos e históricos, consignamos una última actitud compartida, referida a la solicitud-petición de ser recordados, de perpetuación y vigencia de sus figuras y producciones, porque “el hombre siempre anhela signar el testimonio de sus pasos”, dice el venezolano. (1947: 168). En Neruda, además de metafórica, tal actitud fue concreta - siguiendo los pasos del baqueano Ercilla - cuando, fugitivo, atraviesa la Cordillera de Los Andes: “yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque “ (2001 a: 90). El poeta, desterrado (1952), escribía: “Pueblo mío, verdad que en primavera / suena mi nombre en tus oídos / y tú me reconoces... /Soy un río.../escucharás que corro/ sumergido, cantando” (“Cuándo de Chile”, OC, I, 848). Y en su testamento del Canto General, dispone: “Compañeros, enterradme en Isla Negra/ allí quiero dormir entre los párpados/ del mar y de la tierra...” (1976: 368). Por su parte, el merideño finalizaba su Viaje al amanecer, solicitando: “Para entonces yo estaré muerto y me gustaría que me recordasen” (OS: 102). Es lo que estamos haciendo este año 2001 muchos, tanto en Venezuela como en Chile: rescatar, reconstruir y revalorizar su legado histórico, literario y ético para nuestra América, en este caso hermanado con otra figura continental, de la cual conmemoramos los 30 años de la obtención del Premio Nobel.

III.- Disonancias

Una apreciación evaluativa del tejido biográfico y político con que se arroparon nuestros personajes evidencia una paradojal situación: mientras MPS se inicia con una posición bastante avanzada ideológicamente (Revista Índice, Santiago, 1930, APRA), de matiz socialista, y luego crítica y comprometida (ORVE, 1936) en Venezuela. Respecto a su matriz formativa dice bien Domingo Milian,: “El tránsito por la Universidad de Chile labró en él un educador y un combatiente por las causas sociales y culturales” (2001: 21). Aplica bien el Embajador Miliani el venezolano “combatiente” y delimita con pericia el campo de acción: “social y cultural”. Porque los pasos del caminante fueron decantando en una actitud intelectual y pragmática de prescindencia partidaria (el “no ser hombre de partido” de Ortega y Gasset), de tinte liberal, un tanto elistesca. “Una Nación se hace con dos cosas - plantea  - : con un pueblo y un comando” (VNM: 86). De aquí el rol protagónico de los intelectuales, el papel dinamógeno de la cultura y la educación, que adquieren prioridad estratégica para superar los problemas sociales, tanto en Venezuela como en América Latina. Su tríada operativa se resume en los términos “cultura-organización-entusiasmo”, a cargo del motor histórico fundamental: las nuevas “generaciones”;  palabras “entrañables”, según Pedro Grases (1966) fueron: sosiego, concordia, equilibrio, tolerancia (compartida con su par Mario Briceño-Iragorry), veracidad, libertad,  desinterés, ecuanimidad, seguridad, aseo, deleite... En tal trama ideo-axiológica y actitudinal es claro el troquelamiento de maestros como Andrés Bello, José Martí y José Ortega y Gasset.
Alguna vez en Venezuela fue criticado por “acomodaticio” y por su neutralidad en determinados acontecimientos, pero también, antes, tildado de socialista (cuando llevara las Misiones Pedagógicas chilenas, 1936, 1938). Frente a tales ataques siempre respondió con prestancia, fundamentos y dignidad.
Pero, en relación a nuestro tema, lo que queda claro es que en su trayectoria vital se advierte un proceso de gradual retroceso de sus avanzadas posiciones iniciales. “Así se van desvaneciendo sus sueños socialistas juveniles para dar paso a un individualismo (liberal)...”, resume J.M. Siso-Martínez (1971: 22). El rechazo a los modelos foráneos políticos (“imperialismos”), no así a los culturales, y la afirmación de un desarrollo más autónomo (nacionalista) vienen incoándose en MPS también desde sus años de formación profesional. Con treinta años cumplidos emite este diagnóstico en una Conferencia en la Universidad de Concepción: “Un doctrinarismo precoz venido con el correo de Europa trajo a nuestros países las luchas ideológicas de nacionalidades ya maduras y  vistió la realidad criolla con el halo de las fórmulas extranjeras” (Intuición de Chile: 74). Claro, tal juicio es relativizado tres décadas mediante en Los malos salvajes (1962).
Al contrario, podemos decir que en el “primer” Neruda no hubo compromiso ni mayor interés en lo político (tal como lo declarara en 1937), subsumido dolorosa y dramátivamente en la “subjetividad”, salvo juveniles escarceos anarquistas. Experiencias biográficas e histórico-sociales, especialmente a partir de 1938, lo inducen a abandonar sus “pasos de lobo” y juntarlos a los del pueblo. De aquí su Canto General, su sentido indoamericanismo, su militancia comunista y su definitivo compromiso por la justicia social, la paz y los Derechos Humanos. Ideario axiológico que, como meta-mensaje, está también siempre presente en los ensayos del venezolano.
De esta dimensión política, nunca ninguno de ellos hizo alusión mutua. Las referencias del venezolano son siempre respecto al “primer Neruda”, nunca al poeta comprometido ni, menos, “comunista”. Y aquí topamos con la palabra-clave que da cuenta de la disonancia crucial entre ambos exponentes de lo nuestro. Por un lado, hubo la delicadeza y el respeto de no antagonizar públicamente pero, por otro, también la incongruencia de no cumplir los propios preceptos de “tolerancia” y aceptación del otro en sus ideas (“el diálogo libre entre los hombres”), en un espacio generacional en que ambos fueron sinérgicos y complementarios en una mancomunidad americanista. Los tiempos mundiales, con sus guerras y sus efectos “fríos” así como las directrices dictadas tanto por el Pentágono como por la URSS, se coludieron para congelar, a su vez, lo que eran cordiales relaciones.
El capítulo de discordancia más concreto y humano va a tener un nombre: Rómulo Betancourt (1908-1981). Desde 1931 hasta el final de su vida, MPS mantuvo correspondencia tupida y política con el que sería Presidente electo de la República venezolana (1959-1964)  . A través de esa relación epistolar se leen claramente no sólo las prudenciales y críticas distancias sobre ideas “socialistas” y “comunistas” de MPS sino, a la postre, un “anti-comunismo arrecho” y pertinaz. Para cuando RB (y su partido “Acción Democrática”) obtiene la victoria electoral PS escribe: “La victoria contra los agentes del terrorismo y del comunismo anárquico... “.  El PCV había llamado a ‘no votar’. En el N° 32 de la Revista Política de 1964, el escritor hace un recuento mnémico y una verdadera apología de su confidente compañero “adeco”.
Pero, a su vez, los valores propugnados por MPS, también doctrinarios, ínsitos en la ‘civilización occidental y  cristiana’ y situados en su origen en Grecia y el mar mediterráneo, también fueron, en su momento, ‘fórmulas extranjeras’ impuestas a troche y moche sobre estas libérrimas tierras. Lo que en realidad combatía con ardor era a los que llamaba “empresarios de mitos”, en particular “comunistas” y, menos ardorosamente, del “imperialismo del norte” (“la imperiosa vecindad de un enrarecido mundo tecnológico y supercapitalista”, alude en su “Pequeña confesión a la sordina”, OC: X).
Pablo Neruda, en cambio, compartiendo muchos de los signos valóricos europeos, particularmente el idioma castellano (“nos dejaron la palabra”), y otros como “democracia”, “paz”, “derechos humanos”, ya cumplidos los cuarenta años se incorpora al partido comunista chileno (1945), piedra de tope que tranca la comunicación posible y futura entre ambos. Frente a los discursos y prácticas anti-comunistas de MPS, pero en especial de Betancourt, acompasados con los dictámenes estadounidenses (al igual que hiciera González Videla en Chile), la pluma del poeta se enciende defensiva-ofensivamente, concentrando sus dardos sobre el político venezolano. Así surge el poema XXVI de su Canción de gesta: “Un demócrata extraño”, en el que no sólo adjudica irónicamente el denuesto (“Caín”, “Herodes”) sino, además, lo acusa de ligazón con Estados Unidos (“demócrata ‘norteamericano’...”) y, en fin, de anti-castrismo. “El propio MPS  utilizó, tan atildado con su estilo literario, un lenguaje nada benévolo para condenar la orgía de fusilamientos en la Cuba de los años 60”, dice J.L. Siso M. (1977: 13).
Pablo Neruda, influido por sus convicciones ideológicas, así como poco mencionó a su (oculto) maestro Andrés Bello (dada su predilección por Sarmiento), ya no buscará a Picón-Salas para que le contase lo que sucedía en Venezuela. Del venezolano quedarán sí sus ajustadas aproximaciones al poeta, ya que según Humberto Díaz Casanueva: “Aunque no escribió un largo ensayo sobre la poesía de Neruda, dos o tres juicios sobre ella, son como golpes de sonda en la profundidad de una obra que en aquellos años aparecía abstrusa y críptica” (RNC, N° 219: 11).
Superado el arresto hispanófilo del poeta que citamos (en 1937), Neruda asumió decidida y pragmáticamente su condición mestiza y ascendencia indígena (“yo, incásico del légamo”, “César Vallejo era más indio que yo”, “nosotros, los indios”), en lo cual se marca una notable diferencia ideo-práctica respecto a MPS, cuyo sesgo “aristocratizante” (“no tenemos indígenas que redimir”, dice respecto a Venezuela), lo induce a postular la primacía de las minorías (cultas). El “pueblo”, pues, tiene protagonismo diferente en uno y otro escritor. Tal vez una mixtura de ambas perspectivas, trabajada por ellos mismos, hubiese sido un tremendo aporte para la dinámica social amerindiana.
Para finalizar, como corresponde a escritores, alternaremos dos últimos textos que expresan, diferencialmente, la homogeneidad de intención y acción respecto a sus propios países:
Pablo Neruda: “He querido ser el poeta esencial, en su tarea, de los sentimientos nacionales... una nación no sólo la construyen los que trabajan con su pensamiento y con sus manos, sino la construye un espíritu de unidad y un sentimiento de ser nación, un sentimiento que no es sólo de orgullo, sino de la humildad profunda que reconoce un hermano en cada uno de muestros compatriotas, esté donde esté, el destino común de una patria que tratamos que sea más justa, más luminosa cada día” (1970: 5).
Mariano Picón-Salas: “Oponer al azar y la sorpresa de ayer, a la historia como aventura, una nueva historia sentida como plan y voluntad organizada. Hacer de esta igualdad criolla... la base moral de nuestra vida civil.... Materialmente tenemos el espacio, el territorio y hasta los recursos. Se impone ahora la voluntad humana” (OS: 207).

          Luis Rubilar Solis – Santiago, Chile, Marzo, 2001


III.- Bibliografía

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                        (Con Guillermo Feliú Cruz).
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Fuente: http://hem.bredband.net/mjsia/rubilar/MPS-PN.doc

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